EXPOSICIÓN
06 OCT - 27 NOV

Soledad Londoño - Técnica mixta

Esta vez, María Soledad Londoño Soto (Sol…), nos entrega tres grupos de mujeres. Uno de ellos lo llama Damas del silencio… Ellas representan una rabiosa y a la vez sosegada denuncia de los obligados mutismos, aislamientos, escisiones y abandonos que a diario laceran cuerpo, alma y espíritu de millones de mujeres de Colombia y el mundo. Damas que a través del dolor parecen haber trascendido su condición humana y transmutada en esos íconos femeninos; hieráticos y sensuales, con que el arte religioso nos ha representado a las mártires vírgenes cristianas. Ah, y me  atrevería a decir (con el perdón de María) que estas bellas dolientes retratan también el silencio y la soledad de la pintora, esos dos lugares comunes al hábitat natural de todos aquellos que han sido y serán los auténticos santos, los poetas y los artistas.

A un segundo grupo de mujeres la artista lo bautizó Damas de los dones. Y es inevitable con ello no remitirse a Los dones de las hadas (uno de los memorables poemas de Charles Baudelaire, de su Spleen de París); pues si en sus Damas del silencio la mujer trasciende su condición mortal a través del dolor, la soledad y el silencio, aquí lo logra a la inversa: presentando las dádivas que a lo largo de la historia ha entregado fraternal y amorosa al hombre y al mundo: Los dones de las hadas, las Damas de los dones.

Y por último, una terna, una suerte de triunvirato de Majas; misteriosas y sensuales como las Majas de Goya, pero que a diferencia de estas no sabríamos decir si posan vestidas o desnudas, ya que todas sus voluptuosidades están a la vez expuestas y ocultas bajo un collage de coloridos retazos de tela, cocidos sobre lienzos que podrían fungir de manteles, cortinas o sábanas…sábanas donde podríamos retozar, instalarnos (de hecho, esta sección de la obra es una instalación) junto con ellas entre 30 mullidos cojines que la “celestina” artista nos ha “fabricado”, adornándolos con diferentes estampados en acrílico, con motivos que van desde los humildes helechos hasta las enigmáticas soledades que engalanan las umbrías orillas de las quebradas jericoanas.

Qué grato es poder asistir y participar de esta sacra y pagana liturgia a la que invita y oficia la excelente sacerdotisa-artista antioqueña.

Medellín, 9-09-2018

León Gil

EXPOSICIÓN
06 OCT - 27 NOV

Pascual Ruiz - Espacios intemporales,
la 50 para los 50

Que un virtuoso de la cultura arribe a sus cincuenta años de producción continua, después de superar mil obstáculos y de tratar de posicionarse en un medio tan difícil como lo es el mundo de las artes, es toda una proeza digna de encomio y admiración, máxime si su obra es un fiel reflejo de una sociedad en permanente crisis y que, a la vez, plasma toda una vida de trabajo, disciplina, logros y sacrificios. Eso, justo es decirlo, sucede con el Maestro Pascual Ruiz Uribe quien desde el seis de octubre hace una muy importante exposición individual en el Museo MAJA de Jericó, denominada “Espacios intemporales para La 50 de los 50”.

Con esa muestra conmemorativa se trata de enseñar al público toda una época pictórica ‒que, sin desconocer periodos anteriores, pues más bien los incorpora y los profundiza‒ en la cual la producción del virtuoso se basa en desarrollos digitales para crear, con apoyo fotográfico, obras en las cuales reúne diferentes épocas valiéndose de personajes relevantes para generar un nuevo espacio, las que pinta totalmente con óleo sobre el lienzo, previo cuidado de mantener la sensación fotográfica previamente captada, a partir de lo que logra generar una nueva realidad: la representación del tiempo. Esa categoría que tanto preocupa al ser humano desde hace milenios y que coexiste con el espacio y, por supuesto, se entrelaza con la materia, aquí fusionada mediante formas y figuras llenas de color y que invitan al ser humano a recorrer otros senderos.

El amante de las artes interesado tiene, pues, una bella oportunidad para introducirse en este mundo lleno de seres reales donde el ingenio del maestro se posa para recrear los acontecimientos y esparcir sus muchas soledades y una que otra alegría. Máxime si el Maestro Ruiz Uribe, revestido de mucha humildad, sabe que el futuro no es para concebir grandes proyectos porque las dificultades del presente sumadas a la indiferencia de los dirigentes hacen que los sueños sean cortos; se trata, entonces, de crear en forma serena y sin grandes pretensiones, para dejar a un lado la posibilidad de plasmar obras de grandes formatos a las cuales ya les llegarán mejores momentos. Este banquete cultural está, pues, servido.

Fernando Velásquez Velásquez.

EXPOSICIÓN
06 OCT - 27 Nov

Luis Morales - Aquí y ahora

Aquí y ahora es la obra de Luis Morales concretada en: retratos, cuerpos y espacios. El primer impacto que causa es la transgresión del concepto de belleza, pues sus fuentes no son las tradicionales, pero el resultado es imposible de sustraerlo de la belleza que nombra. Morales se aparta de la autonomía que pregonó la fotografía moderna, del aura que supuestamente protege la obra de lo mediático y de la pureza que ya hoy es sinónimo de insípido, Con las mismas armas de la modernidad: figuración, cuerpo y espacio, se embarca en la deconstrucción de lo fotográfico, sin importarle los inquietantes riesgos que conlleva su elección.

Lo que llena la obra de asombro es la unión que logra entre belleza y reflexión. Ya es casi un lugar común que el arte contemporáneo puede ser o no bello, pero lo que sí tiene que ser siempre es reflexionante. La obra de Luis Morales se propone actuar con la comunión de estos dos parámetros, es decir no aceptar el divorcio entre la bello y el pensamiento. ¿Cómo pudo lograr esto? Es notorio que en la visión que las fotografías explicitan hay una mente desprejuiciada, una mirada sin ataduras y juicios preconcebidos, una intencionalidad limpia de tradiciones falsamente morales. Lo que las fotografías exhalan es un humanismo a toda prueba, armadas de una ética secular insobornable.

Donde la sanción social ve unos sujetos con su yo falso y hundidos en su propio naufragio, deshechos en su decadencia y asistidos por un espacio deteriorado y decadente, Luis Morales enfoca su lente trasparente y nos descubre la vida misma palpitando donde queríamos ver precariedad, solidez donde se creía ver el desmoronamiento y sustancia donde pensábamos en lo inconsistente. Su obra se instala en el lugar común con todos los riesgos de lo ordinario, pero conduciéndonos cuidadosamente al lugar excepcional, a lo maravilloso de lo extraordinario. Con estupor las fotografías nos van deshaciendo todas nuestras prevenciones, desanudando nuestros puritanismos atávicos.

La obra no arma un escenario para atacar la visión convencional, se empapa de las fotografías comunes y corrientes y no desea llevarla a territorios excepcionales, por el contrario permanece en ese territorio de lo escueto cotidiano y nos abruma con la elementariedad de la imagen. Esto solo puede ocurrir cuando una ética humanista decide encarar, a través del arte, la dignidad de lo humano con sus propias fuentes morales e intelectuales, lejos ya de la ayuda sobrenatural. La desnudez no es ahora la de los cuerpos sino del palpable espacio que la obra señala. Devela su inusitada belleza y vela su amenazante presencia. Lo inerte ha sido avivado por la tensión que abunda.

¿Cómo hace Luis Morales para desembarazarse de lo fantasmagórico que siempre convierta la ruina en anécdota? Para eso está ahí la pareja desnuda, casi imperceptible. Pero la desnudez tiene que ser dosificada, de ahí su tamaño, pues la potencia de un desnudo arruinaría la magnificencia del espacio. La desnudez es perfecta para que el espacio siga hablando. La ruina es permeada por lo humano, pero la desnudez de la pareja testimonia la irreversible inutilidad del espacio que, gracias a ella, se convierte en vacío opulento.

Ya se había mencionado que en estas fotografías el problema no es sólo de ojo, retiniano, sino también del cuerpo que se pasea hasta decretar la imagen adecuada. Pero la desnudez agrega otro ingrediente fundamental: el tacto. Por la acción táctil en potencia de la pareja, súbitamente todo resplandece cuando la pareja desnuda, remota y sin énfasis, hace presencia. El tacto sobre un cuerpo pasando revista al alma, es la única operación humana, que aún en su pequeña escala, resiste el embate de un espacio esplendoroso.

La existencia de la pareja en la imagen fotográfica es definitiva, pues sin ellos, la serie quedaría convertida en simple índice de lo real, en huella elemental. Con ellos, estamos presentes en la escena que nos incumbe. No estamos al margen de la historia. La fotografia, indiscreta por esencia, al incluir la pareja, nos involucra en su misterio, nos introduce en su silencio. Ellos no se pueden sustraer al espacio donde aquí y ahora existen, y el espacio tampoco es indiferente a su aurática belleza.

La fuerza de estas imágenes proviene de un agregado que ha sido añadido con plena intencionalidad. Las imágenes no sólo tienen profundidad de campo, sino que por toda la obra se erige la profundidad de tiempo. Además lo enunciado por Walter Benjamin, hace ya bastantes años, se evidencia en todas las imágenes: “Cualquiera podrá comprobar hasta qué punto una imagen, pero sobre todo una obra plástica, y en el más alto punto una arquitectura, se deja captar mejor en una fotografia que en la realidad.”

Luis Fernando Valencia

EXPOSICIÓN 

06 OCT - 27 NOV

Edward Patrick Duigenan - Dibujo

Ruralia es una colección de obras gráficas que aborda temas particulares al paisaje que demuestra la presencia indirecta del ser humano. Entre el 2014 y el 2016, me enfoqué en los bovinos- estos hermanos con cual compartimos 80% de información genética que pasan todo el día y parte de la noche en la tarea de consumir; actividad en la cual compartimos el 100%.

Desde el 2016 hasta ahora me concentré en la presencia de los invernaderos: largos extensiones de plástico instalado en el paisaje con el fin de proteger los cultivos cuyo impacto visual aporta a una nueva estética y sirviendo de modelo y motivo para esta obra.

Aparte de emplear una técnica tradicional también uso herramientas como el motortool, lijas, bisturís y cintas sobre superficies de papel, yeso y lienzo para dibujar, desdibujar y esgrafiar a la vez.

EXPOSICIÓN

06 OCT - 27 NOV

Comfenalco - Fiesta de huesos - Didáctica

EXPOSICIÓN

4 AGO

ARIZA, PINTOR DE LOS ANDES

Exposición itinerante

Colección de pintura de caballete del Museo Nacional de Colombia

Gonzalo Ariza

Bogotá, 3.2.1912- Bogotá, 11.6.1995

Acuarelista, grabador, fotógrafo y pintor de paisajes. Hijo del fotógrafo Aristides Ariza. Cursó estudios en la Escuela de Bellas Artes de Bogotá (1931-1935). En 1936 realizó ilustraciones para la revista Pan y ese mismo año viajó a Tokio, gracias a una beca del gobierno nacional. Estudió, entre 1936 y 1939, en la Koto Kogel Gakko y en el taller de Seison Maeda [1886 - ca.1960] y Tsugouharu Foujita [1886 - 1968]; estudió litografía, grabado en cobre, xilografía,  pintura y caligrafía japonesa.

A partir de este viaje descubrió su propio camino: abandonó la temática del indigenismo y se dedicó a observar la naturaleza y los paisajes colombianos. En 1938 expuso en la Sociedad Colombiana de Ingenieros. Allí presentó paisajes realizados con la técnica "Sumi-o" que tuvieron mucha acogida. Sólo Jorge Zalamea se mostró decepcionado: "Ariza regresó del Japón olvidado de sus modelos mejicanos y sus veleidades surrealistas, dueño de una acabada técnica, aguzadas hasta el extremo límite de sus facultades de observación y reproducción, pero... pintando en japonés".

De 1940 a 1942 trabajó como profesor de la Escuela de Bellas Artes de Bogotá. Después se dedicó por completo a la pintura. Sus primeros paisajes fueron de la sabana de Bogotá. Participó sucesivamente en el II y III Salón de Artistas Colombianos. En 1943 estuvo en el Salón de Dibujos y Grabados con varios dibujos y grabados, pero luego abandonó esta técnica para dedicarse totalmente a la pintura. También son de esta época sus acuarelas.

A partir de 1945 introdujo en sus paisajes el colorido de la tierra caliente; este cambio se advirtió en la exposición que se realizó en la Biblioteca Nacional y también en la obra Montaña de tierra templada, con la que ganó el primer premio de paisaje en el VII Salón de Artistas Colombianos (1947).

Ariza también trabajó en el campo de la cerámica e hizo murales mediante baldosas esmaltadas, como las del edificio de El Espectador, y el Hospital de la Hortúa. En 1955 aceptó un cargo diplomático como Secretario en la Embajada de Colombia en el Japón y permaneció en Tokio dos años.

En las exposiciones del Museo Nacional (1961) y de la Biblioteca Luis Ángel Arango (1962), expuso dípticos, trípticos y polípticos en paneles acoplados. Allí se destacaron los paisajes urbanos de Bogotá y las tonalidades azules de sus obras.

En 1979 participó en la exposición "Pintores y Grabadores de los años 30", en el Museo de Arte Moderno La Tertulia de Cali. En 1980 hizo una exposición individual en el Fondo Cultural Cafetero. En 1981 participó en la exposición "Imagen de Colombia en

Japón", que tuvo lugar en el Sun Shine City de Tokio donde figuraron obras de sus hijos. El Museo de Arte Moderno de Bogotá organizó en 1990 una exposición retrospectiva de su obra.

EXPOSICIÓN

4 AGO

“TÓTEMS A LAS SELVAS HERIDAS”

 

Testimonios de Río Cedro

JOSÉ FERNANDO ANGEL

Playas cubiertas con vestigios de selvas arrasadas

Viajeros por el mar desde los ríos Chocoanos

Testigos del conflicto ambiental de campos agitados

De lo que todos somos hoy vecinos.

Con la fuerza y la destreza de jóvenes locales

Se levantan para darles nueva vida

Con geometrías, tallas, aceites y texturas

Se revive su nobleza aun el paso de los años

Indagando lo que pasa agua arriba.

EXPOSICIÓN

4 AGO

HUELLA

2a Muestra internacional de Joyería Contemporánea

La huella es presencia pero también es ausencia. Es impronta, gesto remanente, indicio de un contacto que ya fue.

Estamos permanentemente interactuando con la realidad ordinaria, extrayendo sentido y transformándola en el mundo que habitamos. Entonces el mundo en que vivimos no es solo insumo creativo sino también huella de nuestra presencia, huella de nuestros cuerpos y de nuestras ideas reflejadas en el espejo de nuestra mente: las manos.

Las cosas son lo que vemos pero también lo que no vemos, que ya pasó por allí y le dio forma; el presente se materializa como la huella del pasado, la huella existe porque hay otra entidad que le da forma.

Con esta exposición se da continuidad a la primera edición de DE LA MANO muestra, realizada en 2015 en la Galería Naranjo y Velilla (Medellín) y en la Galería de Arte Portable Paola Pérez (Bogotá).

 

 Organiza: Grupo DE LA MAN

EXPOSICIÓN

4 AGO

MERMORIA

Retratos de Leonardo Tobón por Carlos Tobón
El ebanista, el fotógrafo, los útiles y la luz

Leonardo Tobón era ebanista, un oficio que tiene con la madera, con sus vetas, con su dureza o su fragilidad, con sus caprichos y virtudes, un vínculo que se aprende con paciencia, pulso e imaginación: los útiles. El ebanista comprende que la madera sugiere dónde trazar una curva, dónde hendir una talla, dónde precisar una medida, dónde aplicar el pegamento. Cuando la unión entre ebanista y útil se revela, el equilibrio entre proporción y forma aparece en las molduras, en los arabescos, en las uniones, en los detalles donde la madera expresa su esencia.

Carlos Tobón es fotógrafo, hijo de Leonardo, el noveno entre doce hermanos. El fotógrafo intuye la relación entre talento y materia, ebanista y madera; domina la voluptuosidad de la luz y con ella define, compone, crea forma y espacio, encuentra el equilibrio entre presencia y ausencia, luz y sombra; y con los útiles, vehículo de unión, aporta un ángulo inesperado: el tiempo, el paso del tiempo; de esa evidencia, surge la Memoria y en ella, ebanista y útiles, madera y objetos, recuerdos y vivencias, se cruzan en el claroscuro donde la penumbra insinúa y la luz modela.

El claroscuro es una técnica pictórica. Los artistas que la practican acentúan luces y sombras para resaltar o difuminar volúmenes y formas con el objeto de incitar la representación. Ugo da Capri, grabador italiano, fue el primero en utilizarlo en sus xilografías a comienzos del siglo XVI. En los años siguientes la técnica evolucionó entre los pintores flamencos e italianos y tuvo practicantes tan destacados como Peter Paul Rubens, Rembrandt van Rijn, Diego Velázquez o José de Ribera, quienes con mayor o menor intensidad conocieron y siguieron de cerca la obra del mayor pintor del claroscuro: Michelangelo Merisi da Caravaggio.

Durante un reciente viaje a Europa para fotografiar algunas obras del maestro Gregorio Cuartas en colecciones europeas, Carlos Tobón se cruzó en los Museos parisinos con los pintores del claroscuro y presintió en la expresión del tiempo, del espacio, de la luz y la sombra de sus obras, una visión cercana a la Memoria que los útiles de Leonardo, su padre ebanista, representaban para él.

Entre las sutilezas de la sombra que propone y la luz que define, entre claros y oscuros, en la representación de cada útil, Carlos construye el retrato de Leonardo: la piedra de amolar que devuelve a la luz el aceite utilizado para afinar su uso; la cera de abeja en bloque para hidratar el metal; los formones prestos para tallar una nueva forma; el cepillo cóncavo y convexo según la curvatura del modelo o la veta de la madera; la plomada, precisa, estilizada; los moldes con expresión de arte cubista; las brocas, inevitables y brillantes; las fresas, flores abiertas a la luz; los triscadores para torcer a uno y otro lado los filos dentados del serrucho; los compases exactos en la medida y en el arco; la hazuela con rastros de tiempo como segunda piel; los gramiles, marcadores de paralelas infinitas; el esmeril, las prensas, el mazo; todos, útiles que narran, a la manera del claroscuro, el retrato del ebanista.

Los útiles, representación del ebanista que les infundió vida, evocan la admiración, el respeto, el amor y los recuerdos que se cruzan en las esquinas de la Memoria. Frente a ellos se escucha la carpintería en acción, el murmullo del cepillo al acariciar la curva; el aroma penetrante de la cola o del tapón para curar heridas y teñir la madera; el aroma del aserrín que se acumula en los rincones. La Memoria estimula la unión entre el ebanista, el útil y la luz. Leonardo Tobón vive en la Memoria de Carlos Tobón, el retratista.

 

Saúl Álvarez Lara / 2018

EXPOSICIÓN

4 AGO

EXPOSICIÓN

11 AGO

EXPOSICIÓN

23 JUN - 29 JUL

IGNIS

EXPOSICIÓN

23 JUN

PROVINCIA, LUGAR DE PAZ

EXPOSICIÓN

23 JUN

EL VUELO DEL ARTE

EXPOSICIÓN

23 JUN

LAPSO DE TIEMPO

EXPOSICIÓN

23 JUN - 14 JUL

SAQUITOS CON ENCANTO

Saúl Álvarez Lara

EXPOSICIÓN

7 ABR –  30 MAY

HILOS ATÁVICOS

Mónica Ramírez

Esta exposición de una artista de las cualidades humanas y creativas de Mónica Ramírez no puede dejar intacto a cualquier espectador que tenga la oportunidad de colocarse frente a ella; es a la vez una invitación y una provocación: pasar de la mirada a la visión, y adquirir la comprensión de la forma como esta sociedad y cultura nos nubla la posibilidad real de ver, opacando el entendimiento y el corazón, aletargando nuestra libertad y el vuelo extraordinario del espíritu.

El nombre que Mónica ha dado a su exposición en cierta manera la define: los hilos que forman el tejido de la vida, la red multidimensional en que existimos, referido aquí a lo ancestral, lo originario, lo heredado de un linaje de significados, afectos y desamores, de temores y vacíos, pero igualmente de esperanzas y mundos posibles.

Tal vez lo  más importante es el despertar de ese compromiso a través de esta forma de arte, que nos permite ver un mundo extraordinario de cuyo tejido de vida hacemos parte, el ansia de poder vivirlo en plenitud, entenderlo y disfrutarlo, recuperando, desde nuestra Ley de Origen, la forma armónica y posible de relacionarnos y el ansia desmedida de libertad que ello trae consigo, cuyo impedimento es, tal vez, el mayor atentado que una falsa visión del mundo ha producido en todos nosotros, ancestros e hijos.

La secuencia escultórica mostrando la mirada de ojos abiertos al paisaje natural y humanizado, abre la puerta a los rostros fragmentados, cuyas franjas de colores claro oscuros retoman la magia de las culturas primigenias y forman ese cordón umbilical con el origen, tejido de vida reincorporado a nuestro tiempo por algunas de las mentes más lúcidas de nuestro tiempo: la matriz de Max Planck y el universo participante de Wheeler, el orden implicado de David Bohn, el cerebro holográfico de Pribram, la matriz divina de Greg Braden, el tejido de vida de todos los pueblos originarios de Abya Yala, hoy conocida como América. Conectarnos con el origen es entender el destino y, sobre todo, la forma de estar en el mundo para llegar a ser verdaderos seres humanos, en una sociedad y cultura que perdió su rumbo, equivocó las formas equilibradas de relacionamiento, se llenó de temor e ira y comenzó a controlar, dominar, reducir, esclavizar, poseer sin medida, hasta someterse a la sin magia de un estar acumulativo, consumista, sin entender las sabias palabras del jefe indígena Seattle, quien en 1854  le advirtió a los legisladores de Washington: "El hombre no tejió la red de la vida, él es simplemente una de sus hebras. Cualquier cosa que él le haga a la red, se la está haciendo a sí mismo."

Por ello estas maravillosas obras de Mónica cumplen un papel fundamental: desde el arte y el corazón, antes que la limitada razón (dios de nuestro mundo), nos invitan a tomar conciencia de ese proceso de pasar del mirar al ver, de la superficie a la profundidad, de nuestro interior atemorizado, dominado y estremecido a la plenitud y la libertad. Son los rostros que abren sus ojos al asombro de cada momento de vida, o los cierran para admirar ese paisaje interior que entonces fluye, dominando la aterradora oscuridad del vacío; los coloras y geometrías, las palabras y signos que ornamentan los rostros y muestran los detalles que casi nunca percibimos, por ese consumo nuestro de miradas y tiempos que son aparentemente oro y no son nada, simple deambular fantasmal por la maravilla de un mundo vedado a las prisas y las negaciones; las cabezas partidas, cuya razón niega y separa al corazón, pero permite a quien permanece unido la mirada que los reúne en el espejo del sentido; las manos que hacen el lenguaje de la forma y los símbolos, movimiento que crea y articula, los paisajes de fondo que hacen la geografía sagrada de los orígenes. Todo ello aparece en esta exposición, en este camino del corazón, del arte vivo.

La invitación aquí es aprovechar esta senda iniciática para pasar del mirar al ver, reconstruir ese cordón umbilical con el origen, los ancestros, la existencia, nuestro estar en el mundo, detenernos en el sin tiempo del espíritu y no pasar inadvertidos; degustar estas gotas de asombro y belleza, para tomar conciencia y provocarnos la vida.

EXPOSICIÓN

7 ABR –  30 MAY

FRAGMENTOS DE LA MEMORIA

Germán Benjumea Zapata.  

En  la actualidad,  los artistas se  desenvuelven en variados  escenarios que tienen relación   directa con su quehacer plástico.   Esto ayuda para su designación de artista   creador. Hoy no se concibe a un artista nombrado   genio, ya que los procesos de indagación y desarrollo de  cada una de los proyectos se formalizan a la luz de una investigación  seria y profunda donde intervienen elementos como: la formación universitaria,   los procesos combinados, el trabajo en colaboración, etc. Es un profesional que   a partir de entornos, actividades o escenarios inherentes al acontecer circundante formaliza  su proyecto. Es el caso del Maestro en Artes Visuales Germán Benjumea Zapata, quien nos presenta   su exposición FRAGMENTOS DE LA MEMORIA.

La   muestra   de Germán   es el resultado      de un proceso de indagación,   que se originó desde el aprendizaje   individual, mejorado con la formación académica  profesional y hoy presentado como agente constructor de  conocimiento dentro de las disciplinas que tienen que ver  con las artes.

Éste  ejercicio    abordado desde  una visión simple  en el tema, pero con  una buena factura en el  desarrollo de las formas, el  color realzado con el dibujo, una  paleta que nos lleva a unos momentos  de ensoñación y los elementos bien dispuestos  dan cuenta de una pintura de carácter representativo,  que no tiene otro fin que mostrarnos unos espacios vividos  y contemplados por su autor, una manera de encontrarse con su  entorno y las relaciones que derivan de él.

Al   artista   no le interesa   los lenguajes pomposos   de la construcción pictórica  contemporánea del arte, solo      le importan las representaciones simples   e identificables por el espectador, una pintura   no incluida desde las acepciones contemporáneas del   arte pero que si tiene importancia desde los conceptos  iniciales artísticos, hoy revaluados por muchos y más importante  aún desde el del mercado de las artes. Acerquémonos entonces, a la  mirada de un profesional de las artes y contemplemos su pintura, sin  indumentarias ostentosas.

 

DEL CAOS A LA CREACIÓN

Gonzalo Moreno.
Esta es la historia

Del universo y el hombre, desde lo más sublime,
Él se manifiesta y cambios erráticos
E impredecibles pueden suceder:

“El mazo de Caín rompe el cráneo del hermano”,

-nada queda-
Solo un sinsabor inexplicable
Que congela los huesos.
Una gota, otra y otra más…
Firmamentos se constelan,
Otrora vacío y muerte.
Peces como lunas en mares y cielo;
Habitan el alma enferma,
Del hombre aniquilado
Por la soberbia.

ESPECTADORES “Serie 2”

Luz Marina Garcés Sierra

Los personajes de la obra de Luz Marina Garcés están de espaldas a nosotros, que somos los destinatarios de la obra, y observan lo que tienen frente a ellos. Si miramos con atención, no sucede nada, no existe ningún acontecimiento especial. Pero eso es precisamente un aspecto conceptual destacado de su pintura: el mundo en sí mismo es un espectáculo. Si nuestra vida transcurre con más intensidad en lo ordinario, en lo cotidiano, entonces no es en lo extraordinario que encontramos los momentos más vigorosos, sino en el ocurrir llano del mundo, que ahora la presente obra lo convierte en acaecimiento.

Si en la pintura el espectador representa un papel fundamental, en las fotografías que acompañan la exposición la conciencia del papel del receptor se acrecienta aún más. Unos nuevos espectadores ya no contemplan el mundo, contemplan el cuadro que en las fotografías crean un juego triple: mundo, espectadores y, de nuevo, más espectadores. O sea que los primeros espectadores observan el mundo, y los de las fotografías, ya lo que hacen es mirar el arte, examinar la pintura. Es indudable que el papel del espectador que aquí se resalta, tiene un momento crucial en la estética contemporánea; es decir, estamos hablando de una estética de la comunicación. Con la importancia del espectador en la contemporaneidad, aproximadamente desde finales de los sesenta, estamos hablando de una estética de la recepción. De ahí la importancia que una obra como esta nos plantee en forma concreta la necesaria notoriedad del contemplador actual.

La obra de arte tiene un valor en sí, lo que se considera su estructura, pero nosotros como espectadores, y de acuerdo a nuestro recorrido vivencial e intelectual, hacemos una lectura específica para nosotros: nos la apropiamos. El esqueleto de la estructura lo hacemos carne en nuestra conciencia. No tiene, pues, la obra una significación unívoca, pero tampoco podemos hacer de ella lo que impunemente deseamos, pues caeríamos en la arbitrariedad. Pero para la obra de Luz Marina Garcés el mundo no existe sin quien lo admira, y el espectador que a su vez, y desde la fotografía, mira a los otros receptores. Si ya la estructura de la obra no es independiente de su fruidor, sino que lo incluye, encontramos ahí el grado de complejidad que la obra exhibe.

En todas las obras encontramos una serie de espectadores que se congregan para la observación del mundo. La diversidad de usuarios de la contemplación queda aún más amplia cuando encontramos variedad de género, edad y clase. Llegamos así al “acorde polifónico de todos los estratos” no sólo en el sentido que la obra tiene para develarnos sino en la heterogeneidad de los perceptores. En la obra, los espectadores están sobre una misma línea de observación y dirección, pero es claro que todos conservan su propio ser, y aún siendo niños o adultos, conservan sus propias experiencias.

SALA TALLERES DE ENVIGADO

EXPOSICIÓN
3 FEB – 1 ABR

EXPOSICIONES
FEB – MAR

EXPOSICIÓN
3 FEB – 1 ABR

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3 FEB – 31 FEB

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