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Para siempre en mi memoria

Eran alrededor de las ocho de la noche, mi familia se encontraba haciendo la cena mientras mi tía Beatriz compraba una bolsa de leche. Yo esperaba sentada en la mesa del comedor ansiosa a su llegada, pues sin ella no podíamos hacer el chocolate de “mamá Rochi”.

Sentí rechinar el resorte de la puerta y cerrarla, escuché unos pasos que se desplazaban por el pasillo y que comenzaban a hundir las tablas viejas de las escaleras, al llegar a su final, este ser que aún no me había percatado de mirar, abrió la chambrana y con su sonido particular la cerró.

Corrí con la emoción en mi corazón pensando que quien había hecho aquel recorrido era mi tía con la tan esperada bolsa de leche, para mi sorpresa todo estaba negro y vacío… no había nadie. ¿Pero entonces quién entró esa noche?

Después de ser vendida y demolida la casa que por 65 años había sido habitada por mi familia, “los Estrada”, mi Tita decide contarme el porqué de aquellas situaciones extrañas, dice, que sin falta un espanto rondaba en la inmensidad de la casa, movía herramientas del taller, abría y cerraba la puerta de la entrada, caminaba por el corredor, subía las escalas, pero que por lo general eran puntos muy fijos de la casa. Según ella, el espanto se debía a la antigüedad de la misma, ya que se cree que fue cuartel, colegio, zapatería, convento y telar…. entonces es en este punto en el que comprendo muchas situaciones que viví en aquella casa y el por qué esa noche se había quedado marcada para siempre en mi memoria.

Isabella González

 

 

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