Voces y Carteras

Lilly Lerner

Después de la muerte de mi madre, reflexioné sobre los momentos en los que ella llenó mi vida de felicidad. Mi madre trabajaba largas horas durante la semana pero de vez en cuando venia a casa temprano; en esas ocasiones, cuando llegaba a casa después del colegio y veía su cartera en la entrada todo mi ser se llenaba de la más extraordinaria sensación de alegría.  La cartera de mi mamá fue el desencadenante de la emoción que me llevó a crear carteras en cerámica como medio para representar las historias de sus portadoras.

Crecer en una pequeña comunidad de inmigrantes me dio un fuerte sentido de pertenencia. Cuando uno hace parte de una comunidad se tiene el tiempo y la proximidad para observar y escuchar los relatos de sus miembros.  Cuando se observa en detalle, las historias de las mujeres a menudo se reflejan en las carteras que llevan. La cartera se convierte en la voz de sus propietarias y en el registro de experiencias personales y colectivas de la comunidad: como el poder de sobrevivencia, el aprendizaje del idioma, el humor, el poder de observación o la capacidad de integración

Inicialmente las carteras se concentraron en los recuerdos de mi madre, sus amigas y la vida cotidiana en el trópico. Con el tiempo y el trabajo voces de otras comunidades a las que he pertenecido o mi propio camino de inmigrante se han hecho presentes.   

La voz de Lilly Lerner

Saúl Álvarez Lara

Nadie puede decir con exactitud cuál es el contenido de una cartera, en algunos casos ni siquiera su dueña lo sabe, porque lo ha olvidado o porque entran y salen tantas cosas de una cartera que es fácil ignorarlo. Las carteras de Lilly Lerner, como las historias, tienen un contenido que varía según su dueña y, como las historias, su continuidad es portadora de las voces que transitaron por su infancia, su vida familiar y su comunidad.

En la representación de las carteras que llevaban a todas partes: a las visitas, al trabajo, a las reuniones de amigas, a los paseos y las identificaban, Lilly Lerner recuerda a su madre, a sus tías, a las amigas de su madre; recuerda la multitud de voces que viven, hablan, ríen o lloran. Voces  y carteras que son el retrato de ellas, de un momento, de una comunidad.

Así como las carteras son portadoras de voces y presencias, son también la voz de Lilly que resuena en esta sala como recuerdo y manera de simbolizar su sentido de pertenencia con ellas.

El vacío sublimado

Saúl Álvarez Lara

El vacío sublimado relata una manera de intuir “Maya. Deidad que gobierna el sueño
de la realidad, ilusión del mundo y de la materia”,
la obra de María Cecilia Botero en el Museo Maja
de Jericó.

La primera sensación es de vacío. Un plano sencillo cerca de la puerta de entrada indica el lugar, en la sala, donde, nombres sólidos que María Cecilia Botero presintió en su creación como “repisa”, “muro” o “nido” acentúan la presencia del vacío. Mirar sin afán, con precisión, sin cortapisas, es esencial para iniciar el recorrido. El vacío como sublimación del espacio es opuesto al vacío simple, es el espacio en apogeo. Desde la puerta de entrada, por un recorrido sin demarcar, se impone la profundidad; una superficie blanca, poblada de puntos, formas y líneas atrae desde el otro extremo de la sala. Es el lugar donde El vacío sublimado se manifiesta. Entre los cruces de una red de hilos que son a la vez forma y lenguaje la sublimación aparece. Una planta con sus raíces, una hoja con el tallo en arabesco, otras hojas unidas entre sí, formas inesperadas venidas de la naturaleza y multiplicadas, amplían el espacio ligadas a la red por hilos y nudos; su presencia, casi transparente, proyecta la naturaleza sobre la superficie blanca donde cientos de recuadros dibujados a lápiz enmarcan otras hojas y otras formas, con la identidad y textura que el trazo del grafito les atribuye. “Hojas de hojas” es el título de la superficie blanca, su red de hilos, sus hojas y sus reflejos. En la repetición entre forma y reflejo surge la pregunta ¿cuáles son las hojas, cuáles sus reflejos?; la naturaleza fuera de su contexto establece una relación única entre el visitante y el espacio creado por María Cecilia Botero, autora de este instante del cual somos parte. En fragmentos, en hojas pequeñas, en briznas de tallos o raíces la naturaleza sale a su paso, al paso del visitante también, y llama su atención pero no con palabras, lo hace como insinuación de formas, de colores, de repeticiones, de texturas.
Al llegar a lo más profundo del espacio y seguir el recorrido que la naturaleza y la artista sugieren, una trama en espiral de hilos tensados sube del piso al techo y como en un “nido”, con espacios delimitados, ya no son las hojas, ni los dibujos de las hojas, los que ocupan el espacio, es la evolución del sentimiento, del contacto, de la palabra que no se dice. Entre las briznas, las mínimas manifestaciones de la forma natural gira al rededor de los hilos entrelazados y la sublimación del vacío asume un significado: no es vacío, es naturaleza en un contexto único creado por la artista.
Cuando nos encontramos con aquello que en la elaboración de la obra la artista presintió como “un muro, una separación” donde se sostiene la materia sólida del vacío: piedras diminutas, iguales o parecidas en color y tamaño, atadas a hilos para dar forma a una barrera que no se interpone, que permite el paso de la mirada entre sus espacios interiores, estamos en otro tiempo, no pasado ni presente ni futuro, un tiempo propio donde la levedad de lo sólido se levanta y evidencia la integración que María Cecilia Botero elabora. En el vacío sublimado el tiempo está, va, pasa de un momento a otro y hace énfasis en su propio devenir. Y el mismo presentimiento sucede con “la repisa” que no es repisa en el sentido estricto y tampoco título, es la denominación de una red en línea ¿con el tiempo?, una red donde fragmentos de fósiles diminutos de peces, zarigüeyas o vertebrados que comparten vida en cercanía y seguramente no vemos pero, en el contexto creado, tienen la fuerza de su naturaleza, de su tiempo, de su visibilidad y aun más.
El recorrido no está demarcado, seguramente habrá quienes lo sigan desde otro ángulo. Tengo la sensación de que todos los recorridos se unen en un mismo lugar y quienes lo hagan en un sentido o en otro, no serán los mismos que eran cuando lo iniciaron…

© Saúl Álvarez Lara / Abril 2019

ENTREPASOS Y BOSQUES - Pintura
 Marta Luz Rincón
6 Abr. - 7 PM

 

El arte no copia la naturaleza, sino que procede como ella

Abriendo profundas áreas de sensaciones, distintas de la simple representación del objeto.
Los bosques me han motivado para recorrer un camino, captar la fugacidad del tiempo y plasmar en el lienzo, atmósferas de paz, presencia de Dios.

Es el bosque, un desafío para una tela en blanco, me sumerjo en sus senderos y desde lo muy personal, interpreto con soltura y adecuada entonación; con pinceladas expresionistas y otras más abstractas, explosión de colores que invitan a la intimidad de la búsqueda.

Es cada obra, un reconocimiento con la armonía cromática de los verdes, uno y mil verdes, azules que me llevan, me sugieren en plenitud solaz.

Los bosques: esa arquitectura única de la creación, en su expresión, nos convocan desde el arte, al encuentro.

2019.

HOMO LOGO LUDENS - Collage
 Alfredo Vásquez
6 Abr. - 7 PM

 

REFLEXIONES EN TORNO A HOMO LOGO LUDENS

Por Franklin Aguirre
Artísta • curador

Proyecto ganador de la Convocatoria Estímulos a la Creación, Instituto de Cultura y patrimonio, Gobernación de Antioquia 2016.

Las tecnologías primitivas como el mazo, el clavo o el lápiz son herramientas que básicamente re-configuran las materias primas y los fenómenos físicos por medio de dispositivos de control que nos permiten hacer uso de el fuego, el movimiento, el campo electromagnético entre muchos otros, para facilitar la satisfacción de necesidades y optimizar las funciones del cuerpo humano, tan sofisticado pero tan frágil a la vez ante la hostil naturaleza del universo. La historia de la tecnología puede verse de manera panorámica como la cronología de las herramientas creadas por el hombre. Esta suerte de prótesis ha permitido a la humanidad extender o amplificar su “dominio” sobre la naturaleza, incrementando su radio de alcance y haciendo cada vez más radicales intervenciones en ella. Al hombre contemporáneo no le ha sido suficiente la mera manipulación de los recursos y fenómenos en pro del sostenimiento propio, pues su actuar se acerca a una irreversible reconfiguración del hábitat, incluso a su propia negación que se hace evidente en la teoría de lo pos humano y lo transhumano.

Estas y otras reflexiones dieron origen a HOMO LOGO LUDENS (2016), que parte de la condición actual: la generación de la tecnología, en la cual todo es cuantificable, medible y guiado por el análisis de datos; no obstante, la efectividad de los sistemas de control social se vuelcan a la banalidad, lo frívolo y la privatización. Un complejo sistema de tecnología que ha desarrollado modelos basados en un inmenso colección de conocimientos, destinados a fortalecer los más bajos instintos del ser humano, tergiversando la sabiduría que todas las generaciones precedentes han documentado y que sirven de raíz a nuestra civilización. En consecuencia, aparecemos en el presente como el mono vestido de seda y en las manos un tesoro, que se invierte en los instintos más primitivos y egoístas promocionados como la panacea para alcanzar “el éxito” en la vida.

Esta serie de 18 piezas son una suerte de fragmentos o ruinas culturales que se de construyen y re configuran dando cuenta de la constante exposición a referentes de todo tipo, que se hacen aún más frecuentes y veloces en los nuevos medios. Lo natural y lo cultural siguen cohabitando y creando tensiones que nos dan la ilusión del aparente control que ejerce el hombre sobre ella, y que cada tanto por consecuencia o simple naturaleza de los elementos, alguna catástrofe y nos recuerda el orden de las jerarquías.

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