Arrastre y permanencia: materia del río
Fabián Gíl
El río actúa como una fuerza que produce forma. Su curso organiza el territorio, deposita materia y fija huellas donde se condensan procesos sociales, económicos y culturales. En su desplazamiento continuo, el agua esculpe el paisaje y establece un ritmo que las sociedades aprenden a habitar. El cauce se manifiesta como una estructura activa donde el tiempo toma cuerpo.
La obra de Fabián Gil Osorio sitúa su mirada en esa zona de fricción. El agua y la arena operan como principios materiales que revelan modos de organización del espacio. El agua se desplaza y redistribuye; la arena se asienta y sostiene. Entre ambas se levantan ciudades, infraestructuras y memorias sedimentadas.
Esta relación con el río expone una tensión crítica con el entorno. En su rugir persistente, el agua sostiene la vida y convoca a una reflexión sobre su cuidado. El río se afirma como una presencia que exige atención, responsabilidad y pensamiento.
Arrastre y permanencia: materia del río nombra esa condición esencial del paisaje: una forma que surge del encuentro entre fuerza y resistencia. Allí, donde la materia fluye y se deposita, se hace visible una pregunta fundamental sobre cómo habitamos y transformamos aquello que nos sostiene.

Más allá de la corteza de lo visible
Fondo
Luis Fernando Mejía Jaramillo
Hablar hoy de la obra de Luis Fernando Mejía Jaramillo es reconocer una práctica que conserva plena vigencia por la coherencia de su pensamiento y la precisión de su hacer. Su trabajo no responde a modas ni a urgencias pasajeras: se sostiene en una investigación constante de la figura humana, el espacio y el paisaje, entendidos como territorios abiertos, siempre en transformación. En ese tránsito, el dibujo se afirma como eje estructural de su lenguaje, no como medio auxiliar, sino como campo de expansión, rigor y libertad.
Sus múltiples intereses amplían el campo de la mirada y revelan a un dibujante sin fronteras técnicas, capaz de llevar cada recurso al límite de su expresividad. Su lenguaje se construye desde la disciplina y el silencio, con una fidelidad absoluta a sus propósitos formales y conceptuales, y con una sensibilidad que convierte cada imagen en un espacio de contemplación activa.
En este contexto, la donación realizada por María Cecilia Mejía Jaramillo y su familia adquiere una relevancia decisiva. Este gesto de generosidad y conciencia patrimonial permite preservar, estudiar y activar un cuerpo de obra fundamental. Su incorporación fortalece de manera sustancial uno de los fondos más completos del museo, ampliando sus posibilidades de lectura, investigación y diálogo con el presente.
Más allá de la corteza de lo visible define una forma de pensar la imagen: comprenderla como un territorio de profundidad que exige tiempo, atención y rigor.
En la obra de Luis Fernando Mejía Jaramillo, ver se convierte en un acto de indagación sostenida.

ALUNA
María Clara Jaramillo
Aluna nombra el plano donde el pensamiento antecede a la forma. En la cosmovisión kogui, este ámbito invisible origina la vida y dispone el orden del mundo. Esta exposición parte de esta noción para entender la creación como un proceso previo a lo material, donde imaginar equivale a dar forma.
Las plantas, portadoras de conocimiento espiritual y cultural, se traducen en telas translúcidas que suspenden la imagen y la vuelven permeable. El tejido aparece como un acto de pensamiento: líneas que se cruzan, ideas que se articulan. En las chagras kogui, sembrar responde a un trazado invisible similar al del telar; los hilos son pensamientos y el tejido, conocimiento hecho materia.
La instalación invita al espectador a desplazarse entre las obras, activando una experiencia lenta y reflexiva. En este tránsito, imágenes oníricas y signos animales emergen como estados del espíritu. Aluna propone así una forma de habitar el pensamiento: entender la creación como un tejido continuo entre mente, cuerpo y mundo.

Huellas, la otra Colombia.
Carlos H. Jaramillo
El arte aparece aquí como una experiencia cercana y sensorial. Cada obra pone en relación la materia con la vida cotidiana, activando recuerdos, emociones y percepciones ligadas a lo elemental.
La tierra estructura el sentido de la obra. Como superficie y como símbolo, reúne alimento, raíz, huella, sendero y refugio, y también erosión, grieta y violencia. Cada pieza opera como un fragmento de tapia, donde los surcos del tiempo narran un lugar y una historia. En cada fisura, cada capa y cada marca, el espacio se vuelve relato.
En este proceso, los elementos trabajados se transforman en signos. La grieta deja de ser ruptura para convertirse en estructura; la materia adquiere sentido y forma pensamiento. A manera de alquimia nombra ese gesto con el que el artista activa la memoria y abre un camino hacia la complejidad de la vida y su misterio. En la huella silenciosa de cada obra, aparecen senderos marcados por la violencia, el desarraigo y el destierro, rastros del carácter destructivo de lo humano que la obra expone sin estridencia. Más allá de la representación, emerge una mirada sensible que asume la herida como forma de conocimiento y como posibilidad de transformación.

“No es fácil”
Ricardo Llera
Es poco frecuente que un texto curatorial se escriba a dos voces; sin embargo, la relación que se establece entre artista y curadora es, desde el inicio, un tejido de lecturas, interpretaciones y decisiones que conducen a un mismo lugar: la obra y su puesta en escena.
Este escrito nace de un diálogo que no busca coincidir. Más allá de las tensiones, ambas voces se alternan como formas distintas de transitar y comprender la obra de arte, desde su origen hasta su traducción curatorial. Así, la presente muestra del fotógrafo cubano-americano Ricardo Llera, No es fácil, presentada en el Museo MAJA, se configura como un espacio de encuentro con la fotografía analógica en blanco y negro, entendida como una práctica de observación sin intervención artificial.
En la Cuba heredada, observada y fotografiada por Llera a lo largo de dos décadas, sus palabras resuenan: «La sal te golpea la cara y, en algún punto cercano, alguien suelta la frase que ya es diagnóstico y rezo a la vez: “no es fácil”. Es el mantra de un país suspendido entre un pasado que no termina de irse y un futuro que siempre parece llegar tarde».
Formado profesionalmente en Estados Unidos, el artista ha construido una obra centrada en la fotografía como herramienta de silencio, reflexión y aproximación a la experiencia humana vinculada a sus orígenes cubanos. Su interés por la etnografía cultural, la memoria y las costumbres de la isla orienta un trabajo visual que interroga la dignidad, el respeto y el derecho al bienestar personal y colectivo. En su práctica, la imagen opera como un espacio poético donde lo biográfico y lo antropológico se encuentran, sin renunciar al reconocimiento de una belleza frágil y misteriosa.
“Decir no es fácil no es una expresión de derrota. Es reconocer el peso de la isla y, aun así, la manera en que se la carga cada día con una gracia que desafía la gravedad. Ser cubano es vivir en un lugar donde casi todo está roto, menos el espíritu; es sostener la vida en la coreografía precaria de la cercanía humana, donde el orgullo no se manifiesta como alarde, sino como una negativa silenciosa, casi clandestina a desaparecer”.
Durante gran parte de su vida, Cuba fue para el artista un territorio inaccesible, conocido únicamente a través del relato familiar, la memoria transmitida y la imaginación construida en el exilio. Entre 1996 y 2016, Ricardo Llera realizó treinta y nueve viajes a la isla, desplazamientos asumidos como una decisión personal y consciente, desde los cuales se posiciona como testigo atento de la experiencia cotidiana del territorio.
—Ricardo: Mamá, voy a ir. Ya compré el pasaje. Estaré bien.
—Mamá: ¡Ricardo va a Cuba, es peligroso!
Mi abuela no dijo nada. Solo me miró y finalmente habló:
«Ya era hora de que alguien se fuera a casa».
Ricardo Llera + Liliana Hernandez
Artista Curadora

Grabado y Literatura
Grabadores de domingo
No se trata de literatura acompañada por grabados, como ocurrió durante siglos. Tampoco hablamos de imágenes al servicio de un texto. Aquí no nos referimos a un modo de reproducción ni a un recurso editorial, sino a un modo de pensamiento y de expresión.
Si bien el grabado encuentra su origen en la voluntad de difundir las obras de arte, multiplicar imágenes y hacerlas circular, el propósito de esta exposición no es revisar la tradición del libro ilustrado. Lo que aquí interesa es la huella que la literatura deja en la imaginación del artista, la forma en que un texto se transforma en gesto, en superficie, en marca.
Hablamos, entonces, de grabado de creación: un espacio donde la lectura se vuelve materia y donde la obra no ilustra; interpreta, desplaza y reescribe aquello que proviene de la palabra.
Mireille de Lassus

Solo tenías que darme la mano
Juliana Correa, Pilar Gutierrez y Sociedad anonima del sonido
Solo tenías que darme la mano, de Pilar Gutiérrez, establece un diálogo con la obra de Juliana Correa. No es una relación evidente, sino una afinidad que aparece en la forma en que ambas artistas entienden la huella: como memoria, como gesto, como una intención que permanece.
En Gutiérrez, el gesto se concentra en un acto mínimo que abre un camino; en Correa, la huella se expande y traza un territorio donde cada marca parece buscar su lugar. Juntas construyen una pequeña constelación: la huella que recuerda, el gesto que se adelanta, la memoria que organiza un espacio propio.
En ese cruce, lo visual y lo literario no se explican entre sí: se acompañan, y desde ahí producen una comprensión distinta del mundo.

Obra Viva
María Adelaida Penagos
La “Obra Viva” es un proceso de investigación que, con la representación de prácticas cotidianas, encuentra el fortalecimiento de la identidad cultural de la mujer. El lenguaje visual trabajado con técnicas manuales: hilos, agujas, telas simboliza la presencia femenina. La obra que presentamos es un descifrar de formas y sentimientos que, con frecuencia, aparecen distorsionados en la imaginería cultural. María Adelaida Penagos es creadora interdisciplinar pero sobre todo, es artista/investigadora que concibe su trabajo, en permanente elaboración, como una “Obra Viva” con la trascendencia que lleva “… a escuchar voces invisibles, a trazar mapas sensibles y a unir lo sagrado, lo cultural y lo humano…”, dice María Adelaida.
El proceso de trabajo de María Adelaida Penagos inició con “Quiero ser vieja”, investigación cultural y artística por distintos municipios del departamento: las casas, los lugares y los oficios donde las mujeres manifiestan su energía con “… expresión dulce y mirada inteligente…” El proceso creativo la llevó a “Obra Viva” que presentamos en esta exposición y en otros lugares de Jericó durante su permanencia. Y siguiendo su dinámica de investigación María Adelaida Penagos continuará su trabajo rumbo a un concepto, en proceso de exploración y creación, que se planteará como “El aspecto femenino de Dios”.
“Obra Viva” es una obra en movimiento que tiene por objeto “… identificar con coherencia y responsabilidad aspectos del ser…”, en obra y palabras de la artista.
Saúl Álvarez Lara

En la noche más profunda nació la Luz.
Lenis Augusto Agudelo
Luis Fernando Monsalve
En un establo, lo frágil tomó forma y el misterio se ofreció al mundo como un niño. Allí ocurrió el gesto que transforma todo: lo eterno se hizo íntimo, lo infinito asumió un instante.
Esa noche abrió un modo distinto de comprender la existencia. La oscuridad se convirtió en umbral, en territorio donde la vida afina su llegada y la esperanza adquiere cuerpo. La sombra, lejos de apagar, prepara. En su profundidad, el mundo vuelve a pronunciarse.
El pesebre, en esta exposición, se lee como un lenguaje. La noche se manifiesta como taller de sentido: espacio donde la vulnerabilidad germina en belleza y donde el silencio sostiene lo que aún busca nacer.
Cada Nochebuena reitera la intuición primera: el universo guarda la forma de un pesebre. La vida surge en lo sencillo, en lo que pide cuidado, en la intimidad de un amanecer que apenas se devela. En el Niño de Belén, el Creador confía en la humanidad y siembra su luz en nuestra propia oscuridad.
Mirar la noche con atención vuelve a inaugurar el mundo. Cada sombra abre un comienzo, cada comienzo, una promesa. Y así como la Sagrada Escritura afirma que “la luz resplandece en la oscuridad” y la oscuridad no la detiene, la figura del Niño, nacido en la hondura de una noche vigilante, recuerda que toda sombra guarda un alumbramiento y que la vida, cuando encuentra acogida, vuelve a encarnarse.
Andrés Galeano

Elogio a la irrelevancia
Santiago Marzola
Marzola construye una poética del asombro, una exploración paciente sobre el misterio de lo visible. Cada imagen afirma que todo encuentra su modo de aparecer, una forma de existir que se ilumina cuando se le concede atención. En su obra, el tiempo se posa, el espacio dispone, y lo humano, esa leve insistencia en permanecer, se manifiesta como un hilo secreto que une la mirada con el mundo.
Esta bitácora visual convierte el suceso cotidiano en evidencia, en acto de presencia. El gesto común adquiere sentido pleno al ser reconocido: es la fe en lo real, la certeza de que la belleza surge del encuentro con quien mira.
La cotidianidad retratada, en su aparente irrelevancia, se convierte en el cuerpo vivo de una obra que continúa expandiéndose, porque su materia es el mundo, y el mundo, en su persistencia silenciosa, siempre está comenzando. En ese comienzo incesante, lo mínimo revela un horizonte insospechado: Nada, y sin embargo Todo, como si cada gesto humilde contuviera la clave de una vastedad que solo se entrega a quien sabe detener la mirada.
Andrés Galeano

VISIONES URBANAS I
Yolanda Mesa
La pintura se convierte en archivo de gestos, cuerpos y apariencias que revelan formas de habitar lo íntimo y lo público. La vida familiar, la religión y la búsqueda de la felicidad se inscriben en escenas donde la máscara reemplaza el rostro y la mirada se desplaza hacia lo que no se dice. El artificio no cubre, expone; la belleza se vuelve límite y reflejo. La imagen no juzga, pero cuestiona.
En Visiones urbanas los cuerpos aparecen como signos de una época en que lo político, lo económico y lo social crean nuevas mitologías. La vanidad, el deseo, la nostalgia y la vigilancia se cruzan en un espacio saturado de color y memoria. La artista recoge versiones de lo humano y lo animal; lo doméstico y lo salvaje; lo propio y lo impuesto. La pintura no narra un pasado, lo convoca. La ciudad, el trópico, la escena privada y el espectáculo se funden en una imagen donde lo enigmático persiste.
Su artificio y su gusto por el exceso revelan la teatralidad de esa ambición, exponiendo la fragilidad subyacente en la construcción de una identidad folclórica que, en su búsqueda de grandeza, termina por distorsionarse.
Andrés Galeano

VISIONES URBANAS II
Nicholas Sperakis
En esta muestra a través de la xilografía y la pintura, se erige una exploración de la condición humana dentro del entramado urbano. Su estética no concibe la ciudad como un mero telón de fondo, sino como un organismo vivo, un espacio inagotable y de pleno interés del artista.
La técnica se convierte en vehículo: la infinidad de líneas en grabados y pinturas se entrelazan para formar texturas que evocan la densidad y la superposición de la vida urbana. Estas líneas, más allá de su función descriptiva, construyen un paisaje autónomo, un universo visual donde la mirada se detiene en la complejidad inherente a la existencia.
Sperakis propone una inmersión en la realidad contextual del ser humano, donde el laberinto de la vida se manifiesta en diversas circunstancias: en la presencia ineludible de los cuerpos y en la continua maniobra del individuo en su entorno. Cada línea y cada forma contribuyen a la construcción de un espacio donde la existencia se despliega en su vasta e intrincada manifestación.
(Nueva York, 1943 – Bogotá, 2017)
Andrés Galeano

LATITUD SUR
Viviana Pesce
Viviana Pesce aborda el paisaje como un conjunto de devenires. La materia, en su incesante fluidez, se manifiesta en cimas y abismos, en la danza del agua y el hielo, que esculpen la superficie terrestre con vacíos y lagunas. Huellas, silenciosas y elocuentes, proponen una reflexión sobre la reconfiguración perpetua de la forma, revelando un movimiento propio a la existencia misma del entorno.
El metal, testigo de esta transformación, se convierte en el lenguaje de esta indagación. La plancha grabada, con sus profundidades y relieves, se erige como una piel donde la memoria del paisaje queda inscrita. Cada incisión, cada textura, es un eco de las fuerzas que modelan la tierra
La obra entrelaza la fuerza de los procesos geológicos con la resiliencia del grabado explorando la fragilidad y persistencia del paisaje.
Las montañas revelan la desaparición de las capas de nieve y su eventual disolución en el mar. Esta metamorfosis se plasma a través de cráteres y desprendimientos que evocan la erosión física y la profunda huella en la memoria del paisaje.
Andrés Galeano

QUIMERA
Álvaro Correa Molina
En esta serie, el artista se adentra en el fragmento encontrado, descifrando sus atributos de color, textura y escala. Su propósito es tejer analogías sobre el acto de habitar, no solo un espacio físico, sino también el tiempo y la memoria.
La propuesta es un entrelazado de gestos entre la naturaleza y la intervención humana, entre el orden inherente y el caos que lo transforma; una danza entre lo lleno y lo vacío. Aquí, las ambigüedades entre lo habitado y lo abandonado se hacen presentes en un juego sutil de presencias y ausencias. Cada pieza de “Quimera” sugiere el vacío como el espacio donde reside la esencia.
Andrés Galeano

UMBRAL
Armando Echeberri
Umbral es el punto donde la pintura deja de ser superficie para convertirse en tránsito. No representa, propone. Cada obra abre un intervalo donde el cuerpo que aparece, se construye en la relación, se mezcla con el color, se disuelve en la forma, se alza en el ritmo.
En el cruce entre color, forma y figura, la obra dispone un campo donde el cuerpo se desplaza sin fin, se integra, se desdobla, se reconoce.
Cada pieza es un umbral abierto al misterio de lo común: ese gesto compartido en el que nos descubrimos como parte de algo que no termina de decirse.
Andrés Galeano

Paisaje
Aníbal Vallejo
Pintura
Por el inmenso llano, lentamente
arrastra el río su raudal de plata
cuya linfa purísima retrata
el azul de los cielos esplendente…
Aníbal Vallejo Álvarez
Fragmento del poema Tierra Caliente
Vista del Cartama desde la vereda La mesa, obra central de la exposición, se despliega en doce paneles de diversos tamaños creando así una narrativa visual de pensamientos acumulados, observaciones prolongadas y recuerdos transformados en pintura. El paisaje observado desde la finca familiar “La Cascada” emerge en cada fragmento, en cada trazo. El políptico invita al espectador a reconstruir las sensaciones que el artista ha acumulado durante años.
La exposición es un homenaje al suroeste antioqueño, una región cuyos paisajes, colores, olores y sonidos evocan la infancia del artista y nos invita a caminar junto a su memoria a ver y descubrir cómo esos paisajes renacen en una nueva forma que refleja el acto de pensar y pintar.
Vista del Cartama desde la vereda la Mesa no es solo una mirada al pasado, es un encuentro de lo que significa pintar para Vallejo: un acto de pensamiento continuo, una búsqueda de equilibrio que, como el río, fluye sin fin.
Aníbal Vallejo

La aguja es mi pincel…
Bárbara Jahn
Artextil
Hay poca diferencia entre un pincel, un lápiz o incluso un buril y la aguja que Bárbara Jahn utiliza para unir, agregar, sujetar, crear, con textiles, texturas y colores, su obra. En este proceso creativo, la imaginación y el azar están al origen de formas y tonalidades, oscuras o claras, de primeros y segundos planos que atraen la atención y conducen al espectador por parajes visuales inesperados. A pesar de que la aguja es el instrumento principal para la realización de su trabajo, los hilos asumen el lugar de las tintas; las telas encuentran su referente en las tonalidades del óleo o la acuarela; las herramientas de corte y sobre todo el cálculo matemático aplica para alcanzar el equilibrio, la composición perfecta.
Bárbara Jahn, artista textil estadounidense radicada en Colombia, ha creado con su trabajo una forma de expresión personal y elaborada que se inspira en las culturas y valores de los pueblos del continente. Los grandes maestros del arte y la música, su cercanía e influencia, han contribuido también a su refinación gráfica. Todo esto, dice la artista, es un proceso donde primero el color llama y luego el textil aparece para descubrir cómo, según los elementos, las texturas y las formas geométricas se ensamblan. La experimentación, como ejercicio permanente con los materiales, está dirigida por hilos que el instrumento principal, la aguja / pincel, crea.
Saúl Álvarez Lara

FIGURACIONES
Aurelio Pardo
RETROSPECTIVA DE UN RELATO PERSONAL
La memoria es una arquitectura movediza. No habita en un solo espacio ni se deja atrapar en una forma definitiva. Su naturaleza es fragmentaria, como un relato contado a lo largo del tiempo, y reconstruido por la subjetividad. En Figuraciones, retrospectiva de un relato personal, el artista nos invita a recorrer los intersticios de su recuerdo, no como una línea ordenada de eventos, sino como un mosaico de intensidades.
El lugar de la representación en la memoria del artista no es solo un espacio físico, sino una geografía interior. Vive allí donde las imágenes logran sostener lo evanescente, donde el instante que se desvanecía encuentra una superficie para perpetuarse. Y sin embargo, esta permanencia no es absoluta: la pintura, el trazo, el color no fijan el pasado como un archivo, sino que lo reimaginan. En este sentido, la memoria no es un testimonio objetivo, sino una pulsión creativa, una reconstrucción que obedece a la sensibilidad.
El color en esta obra no es un mero accidente visual. Es la manifestación de una intensidad, la expresión de un estado de ánimo que dota de temperatura a los recuerdos. Los tonos vibrantes no son una simple elección estética, sino la traducción de un afecto.
Cada imagen es una puerta que se abre hacia un tiempo que nunca se clausura, hacia un pasado que aún palpita en el ahora. Así, el artista nos recuerda que la memoria no es un museo, sino un organismo vivo, y que en sus figuraciones lo personal se vuelve universal: todos somos, en el fondo, las imágenes que nos habitan.
Andrés G.

GRUTA
Asicaz Monzón-Aguirre Ortiz
El acto de olvidar no es solo una erosión del tiempo, sino una fuerza activa, una decisión, un gesto que puede ser tan afilado como un cuchillo o tan sutil como un velo que se posa sobre la memoria. Gruta es una exposición que no se conforma con la pasividad del olvido, sino que lo enfrenta, lo interroga, lo encarna en su materialidad. A través de objetos cubiertos, narrativas veladas y tensiones simbólicas, la muestra revela cómo la memoria no es una entidad neutral, sino un terreno de disputa en el que ciertos relatos son santificados mientras otros son relegados a la penumbra del desuso.
Desde un enfoque antropológico y artístico, Gruta explora la relación entre diversos artefactos rituales de procedencia Andina asociados con Jericó. Entre ellos se destacan réplicas de piezas de las colecciones de los museos del municipio
El olvido se manifiesta en Gruta a través del gesto de cubrir: telas que envuelven objetos, esmalte de uñas que sella superficies, pigmentos que distorsionan significados. Pero este acto de velar no es un simple ocultamiento, sino una reescritura activa. Al cubrir estos objetos con materiales asociados al cuerpo y a lo íntimo -esmalte de uñas, textiles-, la exposición borra las jerarquías que los han separado.
El acto de vestir y velar los objetos introduce una performatividad que subvierte las lecturas tradicionales de los artefactos. En lugar de presentarlos como piezas neutrales, la exposición los carga de nuevas connotaciones, los inscribe en un diálogo con la rareza, con la disidencia, con lo que ha sido excluido de la historia oficial.
Gruta es una exploración de la memoria como un campo de tensión, donde la santidad y la disidencia, la presencia y la ausencia, la historia y la censura se entrelazan en una coreografía de velos y revelaciones. La exposición no busca restaurar lo perdido, sino exponer los mecanismos del olvido, haciéndolos visibles a través del arte. En su tejido de textiles, esmaltes y sombras, nos confronta con la pregunta esencial: ¿qué historias estamos dispuestos a desenterrar y cuáles seguimos cubriendo, ya sea por miedo, por vergüenza o por conveniencia? La exposición resuena con una urgencia contemporánea: ¿qué significa pertenecer?
Andrés G.

DE CORONAS Y OTRAS DEMONIAS
Adriana Hernandez
Hay una dicotomía en la corona: símbolo de poder y de peso, de exaltación y de carga, de belleza y de opresión. Su grandeza radica en su brillo, pero también en su excesividad, en la monstruosidad que genera sobre la cabeza que la sostiene. ¿Qué es lo que realmente se corona? ¿La mujer, la divinidad, el animal, la monstruosidad interna? La corona no solo pesa por el material del que está hecha, sino por la historia que cuenta. Cargar una corona implica llevar un linaje, un destino, un mandato. Pero también puede ser una condena: lo que adorna también oprime. La mujer que porta la corona no siempre la lleva por elección; a veces, se la imponen, a veces, la hereda, a veces, la construye con sus propias manos sin saber que esta forjando su propia jaula.
Ser coronada no es solo un acto de reconocimiento, sino de transformación. Es la mujer que se convierte en símbolo, la persona que deja de ser individuo para ser representación. Pero, ¿qué representa? ¿La gloria o la resignación? ¿La conquista o la carga? El barro con el que están hechas estas coronas nos recuerda su fragilidad, su materialidad humilde, su conexión con la tierra. No son joyas de oro y piedras preciosas, sino de arcilla: efímeras, pesadas, quebradizas. Tal vez, al final, la única forma de sobrevivir al peso de la corona es reírse de ella, jugar con su materialidad, quebrarla y moldearla a voluntad.
El peso no es solo el del objeto, sino el de las expectativas, los mandatos, los límites que han sido impuestos sobre el cuerpo. La belleza es otra corona impuesta: una forma de dominio que exige cumplir con una imagen, con una postura, con una idea prefabricada de lo femenino. Y sin embargo, esa misma belleza es también una trinchera, un lugar de resistencia, un espacio de reinvención.
Este conjunto de grabados y coronas de barro nos ofrece una reflexión sobre lo que implica habitar un cuerpo femenino: el peso de la identidad, la lucha entre la belleza y la opresión, la multiplicidad interna que resiste la homogeneización. No se trata solo de adornarse o de soportar la carga, sino de entender la corona como un objeto en disputa, como algo que puede ser llevado con orgullo o arrojado al suelo para construir otra cosa con sus fragmentos.
Andrés G.

MEMORIA VIVA
Fondo
Gustavo Vives Mejía
Donación
Rendimos homenaje al legado del coleccionista Gustavo Vives Mejía, cuya generosidad al donar su obra enriquece no solo la colección del museo, sino también la cultura y la memoria colectiva de nuestra comunidad. Este evento nos invita a reflexionar sobre la importancia de las donaciones y el papel fundamental que juegan en la preservación de la historia y la promoción del arte.
La acción de donar va más allá de un simple gesto; es un acto de confianza y un compromiso con la comunidad. Para el donante, el museo se convierte en un espacio de memoria, donde su legado perdura. Este sentido de gratitud es fundamental, ya que cada pieza donada lleva consigo la historia y las intenciones de cada artista, y en esta oportunidad también del coleccionista, convirtiéndose en parte integral de la narrativa del museo. Al honrar a Gustavo Vives Mejía, celebramos no solo su obra, sino también su deseo de compartir y contribuir al patrimonio cultural de Jericó y del país.
Esta exposición nos recuerda que cada donación es un acto de amor hacia el arte y la comunidad, y que la gratitud hacia el donante es un compromiso que debemos cultivar y celebrar. En este espacio, la obra de Gustavo Vives Mejía no solo se exhibe, sino que respira vida y significado, asegurando que su legado perdure en el tiempo.
Andrés Galeano

ÁCRONOS
Carlos Vera
- adj. Intemporal, sin tiempo, fuera del tiempo.
El hombre se hizo humano por medio de las herramientas. No hay herramienta sin humanidad y no hay humanidad sin herramienta; nacieron simultáneamente y están indisolublemente ligados el uno al otro. Un organismo que está altamente desarrollado se hizo hombre al trabajar con objetos naturales.
Ernst Fischer / Los Orígenes del Arte.
La obra “Ácronos” dialoga con la noción del tiempo suspendido, reflejando una poética donde la cerámica trasciende su materialidad para convertirse en un lenguaje que conecta la memoria ancestral con las inquietudes contemporáneas. Carlos Vera explora el límite entre lo utilitario y lo simbólico, generando un espacio de reflexión sobre la permanencia y la transformación.
Esta reflexión, investigación/creación artística, hurgue en el pasado a través de las herramientas líticas y artefactos metálicos de las culturas prehispánicas, especialmente las que habitaron el hoy conocido territorio Antioqueño, generando una conexión simbólica con las máquinas-herramientas industriales del mundo contemporáneo.
Andrés Galeano

ORIGEN
Úrsula Ochoa
“Origen” es un proyecto que se desarrolla en torno a una pregunta universal: ¿Cuál es el origen de la energía femenina? ¿Qué es una mujer? Es una pregunta que ha intentado responder el psicoanálisis, la religión, la ciencia, el ocultismo, la filosofía y otras disciplinas, cuyas respuestas han surgido desde supuestos disímiles que han creado, a lo largo de la historia, una serie de identidades generalmente adversas y caóticas sobre la energía femenina y el sentido de ser mujer, de las que ninguna ha podido escapar.
Las piezas circulares evocan ciclos eternos: la luna, el vientre, la unidad y el infinito. Cada “mandala” es un microcosmos que invita a explorar no solo la energía femenina desde su expresión arquetípica, sino también las historias, emociones y memorias colectivas que nos atraviesan y confrontan.
Lilith, Eva, María, Innana, Venus, Isis, Atenea, Hécate, la Diosa Blanca, Pachamama, Pandora, las Sacerdotisas de Lemuria, Saraswati, Kali, Circe y muchas otras son mitos y realidades que forman parte de una cosmogonía profunda y cambiante. Cada figura simboliza un impulso, un arquetipo o una fuerza que define fragmentos de lo que significa “ser mujer” dentro del sincretismo universal.
Úrsula Ochoa

AL DERECHO Y AL REVÉS
Carlos Toro
Una mirada personal al relato popular
La obra de Carlos Toro nos sugiere explorar la dualidad inherente a los relatos populares. En su trabajo el artista transforma las narrativas tradicionales en un espacio de reflexión, cuestionamiento y redescubrimiento.
El título de la exposición sugiere una exploración de las diferentes capas de significado que poseen los relatos populares. "Al Derecho" representa la tradición, la narrativa establecida y aceptada, mientras que "Al Revés" alude a la subversión, la reinterpretación y la crítica. Esta dualidad se convierte en el hilo conductor de la exposición, recreando un medio diverso, donde personajes, espacios y objetos se convierten en agentes protagónicos.
“Al Derecho y al Revés" no es solo una exposición sobre relatos populares; es un viaje hacia la esencia de la narrativa misma. Carlos Toro nos recuerda que las historias son fluidas, que pueden ser contadas y recontadas, y que su recreación por medio de la pintura toma un sentido único.
Su particular interés por representar escenarios propios e imaginados, dan cuenta de una intención particular por re-crear su propia y única versión, donde el tiempo en cada una de sus obras se detiene y se ajusta a una cotidianidad genuina y desprovista de pretensiones. Una aparente ingenuidad que envuelve de color, fuerza vital en su pintura.
Andrés Galeano

CONVERGENCIAS
Un invisible laberinto de tiempo
Margarita Isaza
La abstracción, como lenguaje visual, trasciende la representación literal y nos sumerge en un mundo donde formas, colores y líneas se convierten en vehículos de expresión emocional y conceptual.
Margarita Isaza logra evocar emociones a través de una compleja interacción de color, trazo y transparencias. El uso de colores intensos: rojo, amarillo y azul, así como el manejo de la textura y la superposición, resalta una búsqueda introspectiva y expresiva.
Su abstracción parece explorar el paisaje interno del ser humano. El trabajo aquí presente es un recordatorio de cómo la pintura abstracta puede resonar profundamente en el espectador, invitándolo a contemplar su mundo interior. Cada elemento que compone sus obras es un fragmento de memoria, atrapado en la capa transparente del tiempo.
Convergencias, un invisible laberinto de tiempo es una constelación que crea en su inmensidad un universo propio. Captura la topografía emocional de un espacio, de un sueño, de la memoria, del olvido y el renacer.
Andrés Galeano

VESTIGIO DEL MAR DE AGUA DULCE
FOTOGRAFÍAS DE MÚ SICOS NOTABLES
JORGE MARIO MÚ NERA
Los músicos de Jorge Mario Múnera Hay un símil que relaciona al artista popular con la botánica. Donde hay vitalidad cultural, ellos brotan como las flores. A la manera de los árboles y las plantas, recogen la savia del suelo, la luminosidad y el aire que flota en el espacio, es decir, la larga tradición de un saber que, generación tras generación, ha permanecido en el tiempo. Por ello verlos y, cuando se trata de músicos, oírlos es asistir a una especie de milagro.
Los hombres y mujeres que atraviesan esta exposición, y que han dedicado sus vidas a la música, parecen flores. Con sus instrumentos magníficos, con sus atavíos que los definen como emisarios privilegiados de los sonidos, con sus rostros que reflejan la humilde y digna grandeza de la humanidad.
Siempre he creído, desde que los vi y los escuché por primera vez, que los músicos son seres únicos. Están conectados con el mundo y con los otros de un modo que solo ellos saben manejar. Son los miembros elegidos de toda comunidad porque lo suyo es consolar en medio del sufrimiento, celebrar las felicidades fraternas, acompañar la muerte, definir al amor y modelar el asombro y el misterio. Y todo eso lo hacen con esa prolongación de su cuerpo y su ánima que es el instrumento que tocan.
Los músicos de Jorge Mario Múnera, colombianos que habitan regiones supuestamente periféricas, han sido retratados con tanto acierto que la belleza se desprende de cada imagen con la precisión requerida. Y lo curioso es que entre ellos y quien los observa se instala un silencio. Ese mágico silencio que resuena en toda música y que Múnera ha logrado escuchar y reflejar en sus fotografías.
Sí, estos músicos son bellos. Y la belleza más inolvidable en el campo de la cultura y el arte es la que está anclada en esa tradición que no es testimonio de un ayer ya transcurrido, sino, como bien lo decía Stravinski, «una fuerza viviente que ánima e informa el presente».
Pablo Montoya

Variaciones en torno a los GARABATOS de Franz Kafka
Saúl Álvarez Lara
«…Los encuentros con los dibujos de Franz lo proponen así: él narra, yo dibujo; él
dibuja, yo miro, escucho, veo, leo, imagino… , y hago lo posible por responder con
otro dibujo…»
La presente propuesta, reinterpretación de los dibujos de Kafka, sugiriere una conversación entre las palabras y los trazos, entre la narrativa de la literatura y el lenguaje visual del dibujo.
Kafka, conocido por su habilidad para sumergir a los lectores en espacios de extrañeza y lucidez, acude al dibujo como medio para explorar su curiosidad más allá de la palabra. Saúl Álvarez Lara profundiza en esta dualidad, explora cómo un “garabato” puede contener la esencia de una idea o un sentimiento que se desdobla en la escritura. Este proceso de reinterpretación nos recuerda la relación intrínseca entre el acto de dibujar y el de escribir; ambos son intentos por captar la realidad desde perspectivas distintas, cada una enriquece y desafía a la otra.
La obra de Álvarez Lara en esta oportunidad nos invita a comprender que el arte es un diálogo interminable entre el creador y sus obsesiones, y que toda forma de entender, observar y apreciar es una conversación genuina entre los dibujos y las palabras, entre el escritor y el dibujante, entre el artista y el espectador.
Esta exposición, que también es libro, narra el encuentro entre dos artistas que escriben y dibujan, que tejen en palabras y dibujos una forma aún por descubrir.

Bio_Ecocéntrico.s
Rocard Mo
La nueva mirada del ser humano frente a su ensimismado sí y su repetido e inconsecuente no. El sí del ser humano, ese impulso desmedido de hacer todo sin considerar las consecuencias, se enfrenta a la contradicción del no, una negación perpetua y ególatra ante los efectos devastadores de sus propios actos. Este sí incontrolado, que lo lleva a la conquista y explotación sin freno de la naturaleza y los recursos del mundo, coincide con un no que niega la responsabilidad, ignorando la devastación causada por su ambición insaciable.
En este contexto, se presenta al sujeto como un actor antagónico frente a los elementos, un ser que actúa en un escenario de realidades contradictorias: la arrogancia humana, que se cree separada de la naturaleza, contra la resistencia de un entorno que lucha por regenerarse. La obra refleja esta lucha constante, donde la naturaleza, dañada por los caprichos y la codicia humana, exige un retorno al equilibrio y la sostenibilidad.
Mi propuesta busca abrir una mirada meditativa, una reflexión profunda sobre nuestra propia acción como observadores. Invita al espectador a verse a sí mismo frente al espejo de la naturaleza, confrontando las consecuencias de sus propios actos, muchas veces inconscientes o negligentes. Este ejercicio reflexivo se convierte en una forma de mediación, un puente entre la obra y el espectador, que se enfrenta a su ignorancia colectiva ante la crisis ecológica y social globalizada. La ignorancia, como punto de partida de este diálogo, es la clave para entender la relación entre el ser humano y el entorno: una ignorancia que, al ser reconocida, puede convertirse en el primer paso hacia el cambio.
Rocard Mo

«Entre dunas y caravanas: una LUZ en el corazón del desierto»
Lenis Augusto Agudelo y Luis Fernando Monsalve
Esta exposición presenta una interpretación singular del nacimiento de Jesús: no en el entorno pastoral típico de los pesebres, sino en el vasto y místico desierto. Este paisaje de dunas y caravanas, de silencio y arena infinita, invita a reflexionar sobre el simbolismo de la llegada del Mesías en un ambiente que, lejos de ser hospitalario, encarna la soledad, el desafío y la búsqueda.
Desde una perspectiva bíblica, el desierto ha sido desde siempre un lugar de prueba y revelación, un espacio donde el ser humano es confrontado con su propia vulnerabilidad y, al mismo tiempo, con lo divino.
El desierto es una paradoja de inmensidad, de belleza áspera y misterio. La imagen de la LUZ que brilla en medio de las dunas evoca un instante de revelación: una llama que irradia calor y consuelo en la vastedad infinita.
La exposición invita a reflexionar sobre la paradoja de la vida que brota en un espacio que parece incompatible con ella. Recuerda que la espiritualidad no está reservada a lugares de abundancia y de confort, sino que surge en la adversidad y en el constante movimiento. La «LUZ en el corazón del desierto» es un símbolo de trascendencia, una metáfora del alma humana que, aunque enfrentada a la aridez de la existencia, encuentra sentido y propósito en la conexión con lo divino.
En este recorrido entre dunas y caravanas el espectador se encuentra con la universalidad del mensaje de la Navidad: un mensaje que trasciende el tiempo y el espacio, y que invita a buscar, incluso en las propias arideces personales, aquella LUZ guía.
Andrés Galeano

Los colores del viento
Carlos Castro Saavedra
«… La poesía colombiana despierta de un letargo adorable pero mortal, este despertar es
como un escalofrío se llama Carlos Castro Saavedra…»
Pablo Neruda
La voz del viento, insignia que se encuentra en el portón de la casa que el poeta habitó en Llanogrande determina la esencia de quien vivió en ella. Allí escribió buena parte de sus poemas y pintó los cuadros que presentamos en esta exposición: Homenaje a su centenario. Las palabras que Carlos Gaviria Díaz escribió para el texto de presentación de otra exposición en la Biblioteca Pública Piloto, titulada La poesía callada, precisa la relación entre la voz, el color y el viento que clama: «…esencia de poeta que dispone que también su silencio sea un canto…» En pocas palabras, como en un poema, pintura y palabra unidas se encuentran al origen de la poesía. Los colores del viento simbolizan esa unión.
En 1953 Castro Saavedra llevaba dos años dedicado a la pintura. Aquel año expuso en el Museo de Zea treinta obras, hasta 1953 había publicado varios libros y pintado los cuadros que expuso, es posible, entonces, concluir que poesía y pintura eran una. En un artículo de prensa publicado con motivo de aquella exposición se asegura que los motivos de su pintura eran como los de su poesía: «… la angustia, el dolor de las gentes, la pesadumbre del tiempo, el sofoco de la existencia…» Su pintura, continúa el artículo, lo sitúa como … «un pintor expresionista por su fuerte colorido, áspero dibujo y composición sencilla…» Estilo y motivos que persistieron con el paso de los años, aun en la obra de los años ochenta poesía y pintura seguían siendo una.
«… para que sus versos nos acompañen al expresar la inconformidad ante la injusticia,
para decir las dulces palabras del amor…»
Juan Luis Mejía / Palabras Rodantes
Saúl Álvarez Lara

Trazos de formas y color: filigrana en papel
Hercilia Blandón González
(Chila)
En 2004 un encuentro fortuito con una revista dedicada a la filigrana marcó un hito decisivo en mi trayectoria personal y artística. La sofisticación y precisión de los diseños presentados me cautivaron: revelaron un mundo de intrincada belleza que despertó en mí el deseo de dominar esta técnica ancestral. Aunque el camino inicial estuvo plagado de desafíos y limitaciones, la fascinación por la filigrana me impulsó a perseverar.
La filigrana, a primera vista sencilla en su forma, posee una complejidad y profundidad sorprendentes y apreciables cuando se explora a fondo. La manipulación meticulosa de tiras de papel para crear formas y estructuras delicadas me ha abierto las puertas a un universo de posibilidades infinitas.
El verdadero desafío radica en la posibilidad de traducir una visión personal en cada pieza, más allá de la dificultad técnica.
En la filigrana encuentro un refugio. Cada obra sugiere un equilibrio entre la sobriedad estética y la riqueza interior.
Hercilia Blandón González

Estelas y palimpsestos
Estas imágenes resultan del intento por atrapar la huella de la nada; de captar lo que deja el paso del tiempo cuando nada pasa o, cuando lo que pasa, al cabo, se convierte en vacío.
Son también averiguaciones para ver cómo funcionan distintos medios (gesso, grafito, carbón, pastel, acrílico, tintas, collage) aplicados sobre telas, que han sido preparadas para fingir el paso de los días. Como si se pudiera hacer visible la nada o conseguir que el vacío deje en ellas su rastro.
Parecen evocar aquellos trazos primitivos encontrados en paredes, cavernas y códices, que la mano implacable del tiempo y el olvido han ido borrando. Recuerdan también los palimpsestos, esos manuscritos antiguos, sobre papiro o pergamino, que conservan restos de una escritura anterior que ha sido borrada para escribir encima.
Santiago Londoño Vélez

ESPEJO
Camila López
Un dibujo que forme algo inútil,
un dibujo que no busque,
un dibujo que no tenga un significado,
un dibujo que no sea un símbolo,
un dibujo que no sea urgente,
un dibujo que no tenga un objetivo,
un dibujo vagabundo.
Espejo se compone de una serie de retratos y escenas en los que se entrelazan un conjunto de elementos clave, los cuales se insinúan desinteresadamente. La interacción de lo enigmático, lo femenino, lo audaz y lo aparentemente melancólico no sólo enriquece su lenguaje visual, sino que también sugiere un diálogo de espontaneidad, rareza e ironía.
La incógnita se propaga en esta pintura de cuerpos con formas dislocadas, miradas desenfadadas y espacios aparentemente cotidianos, aparentemente oníricos que, con una especie de paralaje, dice sin decir, muestra sin mostrar y oculta sin ocultar, igual que en un espejo que nunca regresa la imagen tal y como la vemos, sino que nos devuelve otra cosa, un susurro a modo de secreto, una intriga.
En su estilo la artista abona a su carácter visual una poética expectante y auténtica. Además, recuerda que un espejo es ante todo la mirada de quien se observa: un acto que constituye un artilugio humano, dinámico e introspectivo.
Andrés Galeano

III SALÓN DE TALENTOS REGIONALES
EN EL ARTE
Cámara de Comercio
de Medellín para Antioquia 2024
El III Salón de Talentos Regionales en el Arte es una iniciativa dirigida a artistas plásticos, cuya formación sea autodidacta o se haya dado a través de cursos o talleres, y sean residentes en alguno de los (sesenta y nueve) municipios en donde la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia tiene jurisdicción. Esta iniciativa tiene el objetivo de promover escenarios de circulación y proyección de las artes plásticas; además, busca promover el arte como manifestación de la diversidad cultural en la expresión creativa de los territorios.
Los jurados de la convocatoria fueron Juli Zapata, curadora del Museo de Antioquia; Andrés Galeano, curador del Museo MAJA; Carlos Augusto Henao, gerente del Centro Regional Suroeste; Leidy Rendón, analista cultural de la Cámara de Comercio de Medellín. y, finalmente, Hernán Saldarriaga, jurado invitado. Este grupo de profesionales adelantó una revisión minuciosa de las propuestas recibidas, en ella se evaluó: técnica, calidad estética y cumplimiento de los requerimientos establecidos en las bases de la convocatoria.
En total fueron seleccionadas 21 obras. Entre las obras expuestas se encuentra Arrieros somos y en el camino nos encontramos, obra ganadora, además de las obras merecedoras de la mención de honor para el segundo y tercer lugar: Agua sagrada y Dones.
Leydi Rendón

Indagaciones sobre el patio: un templo de intimidad
Dámaxo Henao
«La luz conecta lo cósmico al plano de la existencia ordinaria en la que intentamos vivir».
James Turrell
El patio, como espacio arquitectónico, ha sido considerado como un templo en diversas culturas y épocas, al ser por definición una delimitación del cielo. Este espacio abierto, que conecta el interior y el exterior de una vivienda, permite una interacción única entre la vida privada y el entorno.
En el presente proyecto Dámaxo acerca la mirada a un espacio que se compone de forma, memoria y, sobre todo, de su propia luz. Descubre en el devenir del espacio doméstico la intimidad insinuada en cada una de sus obras: vislumbre de otra dimensión.
Indagaciones sobre el patio: un templo de intimidad presenta una relación de simultaneidad tanto en la forma como en la atmósfera que conecta cada obra. La luz que se proyecta en el color es esencial y determina el carácter sensible y técnico del artista, el cual por medio del recuerdo y las vivencias asociadas a este espacio propone para sí mismo y el público un templo de intimidad.
Andrés Galeano


De la Escuela Mexicana a la Antioqueña
Olga Yepes de Castaño
una artista a la luz del presente
La Escuela Mexicana surge en 1921 y representa un momento significativo en la producción artística de la primera mitad del siglo XX. Su discurso estético se caracterizó por el nacionalismo que, inspirado en el arte popular, trascendía los cánones tradicionales, además de que representaba la belleza ideal de una manera diferente. Por otro lado, la Escuela Antioqueña se propuso renovar los caminos del arte y construir una ética y una estética personal, unidas a una conciencia histórica y crítica. Ambas escuelas guardan una particular relación.
Olga Yepes nació en 1925 en Granada, Antioquia, y desde temprana edad manifiesta su interés por el arte, especialmente por la pintura y el dibujo. En 1947 ingresa a la escuela de Bellas Artes de Medellín. Recibe clases de acuarela y óleo, con énfasis en la figura humana, bajo la tutela del maestro Rafael Sáenz. Entre 1953 y 1954 estudia en la Escuela Esmeralda, en México, y allí se encuentra con la expresión de lo autóctono como homenaje a la cultura indígena mexicana. Luego trabaja con Diego Rivera, de quien aprende la pintura al temple y la técnica del fresco.
Su talento se expresa en cada una de sus obras. La humanidad de sus personajes crea un universo personal que abarca el desamparo, el desplazamiento, la maternidad, la naturaleza, y la cotidianidad a lo largo de 70 años de vida artística.
El Museo se honra con su presencia en esta sala y agradece a sus descendientes el poder contar con algunas de sus obras en su Colección de Artes Visuales.
Andrés Galeano

MEMORIAS DE UN RÍO CLARO
Jeison Sierra
El trabajo de Jeison Sierra narra un diálogo continuo donde el paisaje es el territorio que estimula la mirada sobre las diferentes formas en que el ser humano incide en su entorno vital.
En esta oportunidad el paisaje convertido en agua se mezcla con texturas, formas y movimientos que rememoran la corriente de un río claro distinto, alterado. ¿Dónde hallar el río claro sin la penumbra de las consecuencias? La densidad con la que el color interviene el paisaje diversifica su interpretación, la enriquece.
Los colores amplían la profundidad, un río enlodado es también la noche de un destierro. La vitalidad del color impacta por su ambigüedad.
La obra se entrelaza entre el recuerdo de un río que se transforma y se conserva a pesar del acecho del olvido, la impotencia y la nostalgia.

El Dorado Enterrado
Xandra Uribe
En "El Dorado Enterrado", celebro la riqueza natural y cultural de Colombia a través de la humilde semilla de frijol. Este sencillo elemento, cargado de historia y simbolismo, se convierte en joya, descubriendo en sus formas y colores una armonía natural y una conexión profunda con las tradiciones ancestrales de nuestro país.
Inspirada por las múltiples bondades de los frijoles, los transformo en piezas artísticas que reflejan la belleza y diversidad de la naturaleza colombiana. Las "Serpientes ADN", confeccionadas con cientos de semillas, evocan la geometría divina y la vitalidad de las culturas precolombinas, donde la serpiente es un símbolo predominante.
A través de mis joyas, invito a redescubrir la riqueza escondida en nuestra biodiversidad, recordándonos que el verdadero tesoro de la nación no solo reside en sus vastos paisajes, sino también en la belleza y la vida que brotan de cada pequeña semilla. "El Dorado Enterrado" es mi tributo a la grandeza natural de Colombia y a la capacidad de encontrar lo extraordinario en lo cotidiano.
Xandra Uribe

GEOGRAFÍAS INVISIBLES
Juan Ricardo Mejía
“En las ciudades invisibles no se encuentran ciudades reconocibles”.
― Ítalo Calvino.
Es bien conocido que el ser humano transforma y dispone de la materia natural que el medio ofrece. La manera como la moldea y condiciona según las necesidades o intereses que propone son el resultado de un plan de acción donde crea caseríos, pueblos o ciudades, cuyo destino sólo es determinado por el tiempo.
Geografías invisibles se dispone desde una materialidad formal, geométrica y expectante en la que cada punto de partida y cada elemento singulariza un espacio transformado. Su carácter revitaliza el territorio representado, sin tiempo, en cada una de las piezas.
Juan Ricardo Mejía propone un recorrido en el que el espacio traza su propia dimensión. La abstracción material de la obra guía al espectador sin ruido, ni convencionalismos, y lo lleva a descubrir su propia geografía y dibujar sobre ella sus límites.
Andrés Galeano

FORMAS DE VER UN PAISAJE
Sebastián Restrepo Ospina
“Sólo la imagen abstracta puede representar la naturaleza fundamental del drama humano”.
― Mark Rothko
La memoria de cada individuo establece un universo particular e intransferible, crea una forma única de desplazar la realidad hacia un sinfín de interpretaciones que se amplían, se complementan y fusionan con el arte. Tal es el caso de esta serie, en la que se explora una génesis que para el artista es reminiscencia vital en su memoria.
Un paisaje que ocupa el espacio y su recuerdo se convierte en tejido de color, textura y forma. En esta obra se trasciende la realidad para explorar una expresión propia que combina, sin distinción, el dolor, la infancia y el paisaje entrañable de Urabá, lugar de donde parte el artista y el cual permite hacer de su recuerdo una memoria convertida en pintura.
Sebastián Restrepo transforma su paisaje en un espacio íntimo, sugiere al espectador la intuición de sus secretos, al tiempo que lo invita a descubrir en sus obras su propio lugar. Su experiencia es el mundo interior que da fuerza a su pasión por la pintura.
Andrés Galeano

MÁS ALLÁ
Juan Diego Arango
Superar lo que a la vista parece evidente, es fundamental para despejar de la mirada la vacuidad, con la que se suelen observar las imágenes. Esto permite ampliar y enriquecer las diversas interpretaciones que se fusionan entre lo que se ve y lo que se descifra.
En esta muestra expositiva se reúnen tres momentos claves que hacen parte de la búsqueda del artista, no sólo desde lo fotográfico, sino también desde el concepto, aspectos en los que sobresale su interés por el paisaje y la relación entre humanos y animales. Adportas, Árbol de la Vida y Cautiverio, ponen en diálogo la singular forma de interpretar sus escenas e invitan con su estilo a ver más allá de lo representado en la imagen. Aquí, la fotografía se toma como una reinterpretación de la realidad, en la que la recreación de la imagen cede la libertad al artista sobre su obra, de modo que la fotografía se presta para explorar más allá de la representación de un espacio o escena real.
Más allá invita al espectador a explorar sus variados escenarios a partir de una reflexión que supera la literalidad. Los elementos simbólicos que pertenecen a esta obra, amplían su lectura, toda vez que, permiten que la mirada del observador enriquezca y dote de sentido lo observado.

HERBARIOS Y MEMORIAS
Yuli Cadavid
La tierra tiene muchas llaves.
Donde no está la melodía está la desconocida península.
La belleza es la realidad de la naturaleza.
Emily Dickinson, 575 (1775)
Toda observación detenida evoca en la fuerza creativa del artista un cauce, una vía en que la obsesión vincula su memoria, sus tradiciones, su génesis. De este modo es posible acercarse a la obra de la artista Yuli, que descubre mediante la técnica, especialmente el grabado, un puente que moviliza su actividad creativa entre variados intereses, que permite pensar su lugar como hija, madre, mujer y artista en el mundo. Esta reflexión abre al espectador un horizonte botánico en el que la creatividad se entrelaza con la intervención de libros recuperados, pócimas y demás curiosidades.
Herbarios y memorias se articulan para reflexionar sobre las prácticas del cuidado de nuestros ancestros y la urgencia de ser conscientes de nuestras formas de proteger-nos; permiten pensar el lugar de los rituales cotidianos en las tradiciones y su relevancia en el entorno colectivo.
Yuli absorbe el mundo natural junto a su historia y lo devuelve transformado en su arte decantado por una sensibilidad renovada.

CreaXionario
Acciones para Crear
Es un laboratorio artístico en red que propicia el encuentro de artistas de las diferentes regiones del departamento de Antioquia, con el objetivo de crear un diálogo de saberes en los territorios y vincularlos como referentes para creaXionar el conocimiento y la experiencia artística generando intercambios educativos, culturales y sociales, acciones colaborativas, disruptivas, transformadoras, incluyentes y diversas que favorecen el proceso de enseñanza/aprendizaje de la educación artística y cultural en diferentes contextos.
Es un proyecto de investigación realizado como un tejido con la voz de los artistas y principal fuente de inspiración para optar al título de licenciados en Artes plásticas en la Universidad de Antioquia, en el marco de la convocatoria Profesionalización de Artistas 2021-2023

Del mito a la imagen
Hernando Hincapié
Los mitos y leyendas cumplen un lugar fundamental en la tradición de Antioquia, relatos construidos y prolongados a lo largo del tiempo por medio de la oralidad contribuyen a una identidad condensada en el folclore regional, cuyas narrativas permean el comportamiento y creencias de toda comunidad.
En esta oportunidad el mito se hace imagen, se muestran en escena personajes clásicos, se recrea un imaginario propio de la esencia de cada mito, en el cual la recurrencia de la naturaleza y varios elementos vinculados a la religión y al control de conductas inadecuadas, influyen considerablemente en el relato cosmogónico.
A la trayectoria de Hernando Hincapié se suma una vida entera en la que el arte y la sensibilidad lo han llevado a cultivar una vasta obra, en la que la variedad técnica y temática han ampliado su interés y curiosidad por el mundo.
Del mito a la imagen captura con singular ingenuidad la idiosincrasia del mito, crea un mundo en el que los personajes hacen parte de su realidad al espectador; un mundo en el que el paisaje entrega al espectador sus montañas como comunes y a la vez ajenas. El carácter de su estilo natural y espontáneo recrea la fantasía y el enigma en la luz de sus colores.






































