Tercer Proyecto de Reconocimiento y Estímulo (III PRyE)
El Tercer Proyecto de Reconocimiento y Estímulo (III PRyE) reafirma, en el contexto colombiano, la vigencia del grabado como una práctica artística viva y en constante transformación. Más que una técnica, el grabado se presenta aquí como un campo de acción: un espacio donde lo estético y lo conceptual se entrelazan para construir sentido en el presente.
Iniciativas como esta permiten a los grabadores consolidar su trabajo dentro del panorama artístico nacional, visibilizando procesos que dialogan con la historia del medio sin quedar sujetos a ella. En ese sentido, el rol de las instituciones culturales resulta fundamental: no sólo como instancias de exhibición, sino como plataformas que acompañan, legitiman y proyectan estas prácticas.
Presentar este Proyecto en el museo supone reconocer el grabado como una práctica activa de pensamiento visual, capaz de articular territorio, memoria y producción simbólica contemporánea, ampliando su comprensión más allá del dominio técnico y situándolo como un ejercicio crítico con proyección en el tiempo.
Andrés Galeano

JORGE CÁRDENAS
PINTOR
(1931-2018)
La pintura de Jorge Cárdenas se sostiene en una disciplina visual que elige contención y exactitud. Su trabajo se afirma en la construcción rigurosa de la forma: el dibujo como estructura, el color como atmósfera concentrada, la luz como instrumento de indagación.
Por décadas, su obra desarrolló una búsqueda persistente con variaciones técnicas, formales y coherencia. Cada periodo opera como un desplazamiento reflexivo; cada modulación cromática o compositiva responde a una voluntad de depuración que lo condujo a examinar la esencia misma de la imagen. En esa fidelidad al oficio y al pensamiento, su pintura alcanza una claridad profunda.
Su singularidad radica en una práctica que entiende el tiempo como aliado del oficio y la experimentación como resultado de la búsqueda. La suya es una pintura que madura, que se repliega para afirmarse, que encuentra en la reiteración una vía infinita.
Agradecemos el gesto de donación realizado por Ernesto Cárdenas, hermano del maestro, así como el préstamo de obras que enriquecen esta exposición y permiten ampliar la lectura de un legado que sigue vigente.
Andrés Galeano

Cobijo:
Memoria de origen
Ela Cárdenas
Ela Cárdenas sitúa la experiencia vital en el umbral entre protección y exposición. Su trabajo parte de la materia orgánica, fibras vegetales, semillas, restos naturales, como archivo sensible donde el tiempo deja huella.
La artista propone una lectura del origen como un estado en permanente transformación, donde la vida se teje desde lo mínimo y lo frágil. El cobijo aparece entonces como una forma primaria de la existencia: un espacio donde germina la memoria antes del relato.
Estructuras que evocan crisálidas, nidos o cápsulas, ámbitos donde la materia se reúne y se resguarda para propiciar cambios invisibles. Fibras entrelazadas y los cuerpos modulados configuran una arquitectura vulnerable y a la vez persistente, capaz de alojar microorganismos, recuerdos y asociaciones íntimas.
La memoria se entiende en estas piezas como una labor paciente. Así como una semilla guarda la potencia del bosque, cada elemento ensamblado sostiene un “sumatorio vivencial” donde el tiempo se hace visible. El gesto repetitivo de hilar, unir o ensamblar construye un tejido que remite tanto al cuerpo como a la biografía, tanto a la experiencia íntima como a los ciclos naturales.
Andrés Galeano

PANORAMA
Daniel Posada
La presente exposición reúne distintas series: Crax Alberti, Cuerpos de Agua, Parentescos y Estudios sobre el paisaje natural que articula con sentido renovado y potente la relación entre dibujo, palabra y territorio. Lejos de constituirse como capítulos aislados, estos cuerpos dialogan entre sí y configuran una cartografía donde el paisaje aparece en su expresión mínima: un trazo, una grieta, la silueta de un cauce.
El dibujo funciona como dispositivo de pensamiento; la palabra, insertada con la cadencia de la máquina de escribir, introduce una vibración conceptual que amplía la imagen y la conduce hacia otros registros.
El gesto del dibujo, contenido y preciso, agudiza la observación y sitúa la mirada en un ejercicio consciente de relación con el entorno. Paisaje y naturaleza se configuran entonces como un organismo dinámico, campo de fuerzas y transformaciones donde convergen materia, tiempo y acción humana.
Las obras aquí operan como un archivo en movimiento, abierto a nuevas lecturas y asociaciones. Cada estudio, cada acepción y cada fragmento activa un campo donde naturaleza, lenguaje e imaginación convergen.
Andrés Galeano

CÖMICK
M. A. Noreña
La obra de Marco Noreña sitúa el cómic en el centro del oficio. La página opera como una estructura donde el dibujo organiza pensamiento, tiempo y experiencia. Cada viñeta funciona como unidad de construcción y como registro de una práctica que articula memoria, gesto y transmisión. Cada viñeta introduce una pausa, una transición, un intervalo que articula el paso entre ver y leer. La secuencia surge así como una estructura donde el tiempo se construye a partir de la relación entre trazos, silencios y fragmentos de lenguaje.
La obra adquiere cuerpo cuando alguien abre la página y recorre la secuencia. La imagen establece el ritmo y el lector entra en la maquinaria que organiza cada trazo. En la obra de Noreña, esa secuencia construye una poética visual y narrativa donde el suspenso organiza la espera entre una imagen y otra, la libertad aparece en la apertura del recorrido que cada lector realiza, y la belleza emerge en la precisión con que dibujo y silencio se articulan en la página.
Cada viñeta narra e instala una pausa, una tensión, una apertura. Allí la narrativa se vuelve experiencia, y el lector descubre que recorrer una secuencia abre un tiempo de contemplación donde la imagen continúa pensando más allá de la página…
Andrés Galeano

ENCUENTROS RETRATADOS
La obra parte de un gesto de atención: mirar las superficies del entorno cotidiano hasta descubrir en ellas la aparición de un rostro, una figura, una presencia. En grietas del pavimento, manchas de agua, desgastes del cemento o fragmentos de metal, el artista reconoce formas que el tránsito del tiempo y el azar han dispuesto. Lo que para la mirada apresurada permanece como accidente se transforma aquí en retrato.
Estas imágenes nacen en el encuentro entre observación e imaginación. La fotografía registra aquello que el lugar ya había insinuado: personajes surgidos de las marcas y variaciones de las superficies. El registro visual se amplía mediante la escritura. Los textos acompañan cada imagen y abren otra dimensión del trabajo, donde palabra e imagen establecen una relación de continuidad. La fotografía señala la aparición; el texto despliega la posibilidad narrativa de esa presencia. De este modo, el proyecto integra dos lenguajes que se sostienen mutuamente: la mirada que descubre y la escritura que prolonga el sentido del hallazgo.
Encuentros retratados con historia para narrar, situaciones para sugerir o protesta para anunciar reúne estas presencias como un mapa de lo que permanece latente en los espacios que habitamos. Cada retrato señala un punto donde el tiempo dejó una marca y la imaginación encontró un rostro. Allí surgen historias posibles, gestos suspendidos. En ese territorio entre azar y atención, cada encuentro revela que incluso lo más inadvertido guarda la promesa de una historia.
Andrés Galeano

Sede ATENEO Álvaro Arango Gaviria
La memoria que vuelve a casa: patrimonio arqueológico entregado por las Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena
Las piezas arqueológicas portan la condición del viaje. Modeladas por manos antiguas, transformadas por el fuego y resguardadas durante siglos en la tierra, llegan hasta el presente como fragmentos de una continuidad cultural que persiste en el tiempo. En sus superficies incisas, en sus bordes y cavidades, permanece inscrita una relación entre materia, territorio y vida cotidiana; huellas de gestos, usos y saberes que formaron parte de la vida de comunidades que habitaron estos paisajes.
El Museo MAJA recibe 1.229 evidencias arqueológicas, principalmente material cerámico, entregadas generosamente por la comunidad de las Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena. Estos bienes arqueológicos llegaron a la comunidad en el año 2016 a través de la familia del antropólogo Ricardo Saldarriaga Gaviria (1927–2013), licenciado en artes plásticas de la Universidad de Antioquia, teólogo de la Universidad UPB, especialista en antropología física en Pittsburgh y exdirector del Museo Universitario de la Universidad de Antioquia entre 1983 y 1986. Su ingreso al museo constituye un gesto de confianza que permite resguardar este conjunto patrimonial y situarlo en un espacio dedicado a su cuidado, estudio y proyección cultural.
En Jericó, donde se conserva la casa natal de Santa Laura Montoya, la llegada de estas piezas adquiere un significado particular. Las evidencias arqueológicas —arcilla transformada, formas que alguna vez contuvieron alimento, agua o ritual— encuentran aquí un lugar de permanencia. Su presencia activa una memoria compartida entre pasado y presente y reafirma el compromiso del museo con la conservación del patrimonio arqueológico y con el reconocimiento de las culturas que han construido sentido en este territorio.
Mariana Saldarriaga
Curadora, Colección de Antropología — Museo MAJA

Ars Antiqva
El sonido como materia del tiempo
Explorar esta exposición es adentrarse en un territorio donde el sonido se transforma en forma, pensamiento y memoria.
Los instrumentos musicales aquí reunidos son cuerpos resonantes que expresan una sensibilidad, una manera de habitar el tiempo. Cada flauta, cada cuerda, cada percusión manifiesta cómo distintas épocas comprendieron el espacio, la belleza y la emoción. En ellos vibra lo invisible: aquello que emerge cuando el aire se vuelve música.
El Grupo Ars Antiqva, fundado en Medellín en 1985 por Jorge Gaviria, Mauricio Gaviria, Rodrigo Henao y Álvaro López de Mesa, ha trazado una senda singular: la interpretación histórica entendida como un acto de conocimiento y de sensibilidad. Su diálogo con la música de la Edad Media, el Renacimiento, el Barroco temprano y las creaciones contemporáneas para instrumentos antiguos aviva la presencia del pasado, hace audible su respiración en el presente. En ese tránsito, la historia se vuelve experiencia viva, tiempo que respira.
Exponer esta colección en Jericó afirma la continuidad entre arte, naturaleza y escucha. Los instrumentos son semillas sonoras, fragmentos de una materia viva que conversa con el aire, el paisaje y la memoria colectiva.
Escucharlos, incluso en su quietud, es reconocer que el sonido encarna una forma de existencia efímera y esencial. Cada instrumento guarda en su cuerpo el eco de quien lo tocó, el aliento de quien lo imaginó. En ellos, el tiempo se vuelve música. Tal vez esa sea la tarea del arte: recordarnos cómo escuchar de nuevo lo que la prisa del presente disuelve.
Curaduría Museo MAJA











































