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¿QUEQUIÉNSOYYO?

 

¿QUEQUIÉNSOYYO?

“…Mala mujer no tiene corazón
Mátala, mátala, mátala, mátala
No tiene corazón mala mujer
Mátala, mátala, mátala, mátala
No tiene corazón mala mujer…”
Canción de la Sonora Matancera.
(Compositores:
José Antonio Morillas
y Juan Carmona Arrebola).

William Rouge

Si me va a pintar, no pregunte tanto. ¿Que quién soy? Soy la mujer bombillo rojo… Soy la mujer escala. Soy la mujer calle del deseo. Soy la mujer telaraña. Soy hotelucho baño privado y televisión. Soy termo con tintos. Soy minuto nacional a 250 pesos. Soy mujer que dice: “por aquí, por aquí, pase que yo lo atiendo”. Soy mujer andén. Mujer alcantarilla. Mujer que conversa con otras alcantarillas. Mujer colchón. Mujer grito. Mujer que no come de nada. Soy la que iba a ser. Soy la paloma blanca que coquetea con el pantano. Soy el semáforo donde se detienen los perros.

A veces soy invisible. El cielo ya no me muerde. La primavera del centro de Medellín chuza mi cráneo. Cada mirada es un dardo desde que tenía ocho años y me hicieron la primera comunión. Me bajaron a la cañada. Me

subieron a los colmillos de las bestias. Los buñuelos para la abuela rodaron, pude encontrar dos, eran mis ojos. En la cañada encontré unos tacones verdes, con ellos iba yo a bailar vallenatos del Binomio de Oro en los bares de la calle del deseo. Si me va a pintar, no pregunte tanto. ¿Que quién quería ser yo? Más tarde le cuento. Yo no como de nada. Hasta el bon bon bum rojo fresa se me perdió en el desfiladero. Desde ese día de las velitas a veces soy invisible. Ese día mataron marrano en la cuadra. Llegué sin natilla donde la abuela. Pínteme pues y no pregunte tanto.

Detrás de mí corren policías vestidos de negro, en el camino sus huesos.

Digo que tengo hambre, un tamal, una arepa, una empanada, un pastel de pollo, algo, cualquier piedra en la que venga algún dios. Tengo hambre de mí misma. Hembra

… Una mujer es toda agua. Toda agua es mujer. Soy
mujer que vigila. Soy mujer que se cuida sola. Soy
mujer que cuida de todas. Soy mujer río que no calla.
Soy la que iba a ser…

de mis vísceras. Hembra de mis huesos, tengo hambre. Mis cartílagos y nervios tienen hambre de la niña que dejó caer del puente su muñeca de trapo vestida de azul.

Le digo que ya sacaron los chuzos de rata. Mire pues, ya están vendiendo los chorizos y las arepas de queso. Invíteme algo. Si me va a pintar, tráigame una cerveza. No pregunte tanto.

Soy casa de empeño. Es que me empeño en no asomarme al río. Todo es fugaz si paso por el Río Medellín. Solo paso el puente y no miro abajo. El río se lleva los huesos. Nosotras flotamos.

¿Qué quién soy? Soy la que iba a ser. Me pusieron calle del deseo. Yo quería aprender a montar en bus, subirme a todos los buses, hacerle las vueltas a mi mamá en el centro. Pagar los clubes, empeñar el anillo de grados, ver películas de aventura en los cines de Junín, comprarme discos de Soda Stereo y Bon Jovi. Yo iba a tener mucha calle. En inglés iba a cantar todos mis deseos. No iba a tener novio para poder ir al Pequeño Teatro sola. Pínteme bien porque soy una actriz. Yo me represento.

Soy mujer candela. Me encandelo la lengua con aguardiente mientras grito: “pasen por aquí”, “pasen por aquí señores y yo les enseño la perra que lame y que muerde la espalda de concreto”, “pasen señores que ya no muerdo testículos”, porque es simple, no hay, testículos no he visto. Sólo he visto canciones de despecho, las mismas canciones de barrio triste. Testículos no he visto, algunas rosas sí. No soy tanto mar. No estoy más marchita que una señora de bien.

Soy la calle del deseo. Mujer torbellino. Mujer a la deriva. Una mujer flotante. No soy divina, pero fascino y me domino el corazón. Soy mulata, no soy cielo, soy prieta, no soy divina mujer.

Una mujer es toda agua. Toda agua es mujer. Soy mujer que vigila. Soy mujer que se cuida sola. Soy mujer que cuida de todas. Soy mujer río que no calla. Soy la que iba a ser.

¿Qué le cuente más mientras usted descansa de pintar?

Otra bestia, otro diciembre me dijo:

Te voy a hacer una estatua mami, en el parque central, para que pueda todita la gente, pasar por allí e irte a mirar. Pero yo no iba a ser estatua. Con este tumbao me le escapé a esa bestia. A mí me tienen que aprender a mirar. ¡Míreme bien! No pregunte tanto.

Ya estoy cansada, pero le voy a contar que algunas nos llamamos Marilyn, a veces Shirley, algunas veces somos Paula y Paola según el dolor, nos canjeamos nombres. Nos gusta ser Patricia a la hora de correr sin tacones. Nos llamamos Marta sin h cuando se nos acaba la noche. Nos llaman María los que nos conocen las entrañas. A veces soy Yasmín pintándome las cicatrices, pero me gusta más ser Mar y ahogarme en ellas. Ser mar y ahogarme y llenarme de todas: ser marchita un poco, marcharme más arriba del Metrocable. Me gusta marcarme nombres en las piernas, Tal vez así pueda correr mucho más sin tacones, pero me gusta mucho llamarme martes porque miércoles me espera en la Estación San Antonio, luego soy Marcela en El Salón Málaga. Víctor me invita a media botella de aguardiente y canto tangos, pasillos y bambucos como en el colegio antes de llamarme otra vez Marta sin h. Víctor baila porro muy bueno, con eso tengo para olvidarme de la calle del deseo. Crecimos en el mismo barrio. Él es profesor y hasta sale en televisión. Me gusta que me cuente cómo empezó Medellín. Un día voy a traer a Mariela para que se aprenda los cuentos de Víctor y del viejo Guayaquil. A veces jugamos a ser novios, pero no ha querido bajar conmigo al río. El Río Medellín esconde huesos y él tiene miedo.

Me gusta marcarme con todas la cara, las tengo a todas en la boca, donde yo escupa puede nacer otra loba, otra canción, otra ciudad como nosotras.

Cómo hago para regresar tanto amor. Cómo hago para regresarme. Mujer flotante. Mujer pez púrpura. Tatuada con saliva. Dígame cómo hago para volver a empezar mi historia. Usted que parece que estudió en Bellas Artes,

 

dígame cómo se pinta uno si el río se lo chupa todo. Cómo me pinto si el Río Medellín se nos lleva los huesos. El río se nos llevó las llaves y las puertas.

Parece que una cerveza es poca para todo lo que puedo contarle, pero siga pintando, que yo no como de nada. Toda mujer es puerta. Toda puerta se abre al patio de una mujer. Yo me tiendo. Yo me extiendo. Me lavo en mí misma, yo soy río. Soy sábana blanca secándose en el tendedero de la calle del deseo. A las cuatro de la tarde casi me seco. Soy la que se escurre, la que no se aplancha. Los tatuajes no se me secan nunca. Tengo una loba gris en la espalda, tiene los mismos ojos que me sacaron a los ocho años: ella sabe mirar a las fieras. Se las come con la mirada.

Yo no como de nada. Una mañana me quito los tacones verdes y bajo al Río Medellín por los huesos de nosotras. Camino vendiendo perfumes de Avon y me quedo con las muestras, voy a oler tan bueno, un día vamos a oler como si no nos persiguiera el río. Es que me empeño en no asomarme al Río Medellín. Solo paso el puente y no miro abajo.

Una mujer es toda agua. Toda agua es mujer. Soy mujer que vigila. Soy mujer que se cuida sola. Soy mujer que cuida de todas. Soy mujer río que no calla. Soy la que iba a ser. Soy la que sabe. ¿Si está pintando los tacones verdes? Pínteme las piernas y las nalgas con el tumbao con el que bailo salsa.

Recuerdo que yo quería que todos los hombres me abrieran su boca. Se las hubiera escarbado hasta sacarles la madre. Era bueno que al acercarme abrieran la boca mientras yo les metiera mis instrumentos mágicos hasta la faringe. Les hubiera metido todas las botellas para que se saciaran por fin, que por fin fueran aguardiente, hombres ardiendo, naciendo a penas y sin pena. Yo hubiera sido Odontóloga y me llamaría Camila, la doctora que entraría a la boca de todos los hombres para sacarles todos sus secretos. Yo iba a ser Odontóloga y no semáforo. Yo iba

a ser dentista y no hotelucho. Yo quería que todos los hombres me abrieran la boca para volverles a meter hasta el cielo. Volverles a meter el desfiladero. Yo les hubiera ordenado los huesos a todos los hombres que me abrieran su boca: les hubiera hecho una fogata adentro con sus huesos.

Soy mujer que cuida de todas. Soy mujer río que no calla. Soy la que iba a ser. Soy la que sabe. Soy boca sagrada, abierta para la luna, abierta para guardar los huesos de todas. Mejor un tinto. No traiga más cervezas. Pínteme el cabello bien mono y cortito. Descanse un rato. Mejor un tinto doble, oscuro y sin azúcar. Pínteme y yo le sigo contando de bestias.

En diciembre yo veía muchas cosas. El día de las velitas una se hacía como invisible. Yo le digo una cosa. Todas las bocas son equivocadas. No hay bocas correctas. Estrellas no he visto, solo noche adentro de cada boca, en una boca me perdí por andar solita, adentro vi que don Federico mataba a su mujer, la hacía picadillo, la freía en la sartén, los señores que pasaban olían como si todo estuviera bien, mientras una niña hacía arepitas para papá porque al otro día se iba para Bogotá y el lobo estaba adentro de esa boca y se puso los zapatos de papá. Adentro de esa boca aprendí a hacer arroz con leche para que se casaran conmigo, ya sabía coser, bordar y abrir la puerta para ir a jugar, con este sí, con este no, con este buen muchacho quise casarme yo: muchachito, muchachito caliéntame un poquito, hombrecito, hombrecito quiéreme un poquito por hoy por mañana y por toda la cama, luna lunera cascabelera que este hombre no me mate hoy.

Sería bueno antes de misa haberle abierto la boca con un taladro al menos a una bestia, así sabríamos cuántas de nosotras se tragaron.

Fíjese pintor que Mariela no ha vuelto a las escalas ni al semáforo, yo le debo una empanada y un tinto. Le marcamos a 250 pesos el minuto, nos contestan ladridos. Mariela tenía una faldita de cuadros, como si estuviera

siempre en clase de español. Mariela escribía cuentos. Se volaba a prestar libros de la biblioteca. Leía cosas raras. Un man pecosito, pelirrojo y tartamudo le traía cartas. Le marcamos a 250 pesos el minuto, nos responden gritos. Los minutos chillan. Yo hago las tareas de Mariela. A mí también me gusta escribir cosas. Yo no como de nada y vuelvo a marcar a 250 pesos el minuto. Me pregunto si Mariela ya estará por Girardota o por Barbosa. Los minutos rugen. Los minutos truenan. Bajaremos por ella.

Una mujer es toda agua. Toda agua es mujer. Soy mujer que vigila. Soy mujer que se cuida sola. Soy mujer que cuida de todas. Soy mujer río que no calla. Soy la que iba a ser. Soy la que sabe.

No me pinte los ojos. Hágame un favor, busque un fotógrafo para no olvidar lo que vivimos.

Usted que estudió en Bellas Artes, búsqueme un fotógrafo que se ponga en los huesos de nosotras. No me pinte lo ojos.

Yo no como de nada. Soy Marcela y un día me iré con todas. Soy Marcela y las tengo a todas. Soy Mar, soy capaz

de tragarme al río. Un día nos iremos de la calle del deseo por la autopista norte, pero no bajaremos al río. Me las llevaré a todas lejos de las fieras. La costeña dice que el mar está al norte y que por allá las bestias no irán a buscarnos. Soy todas y vamos al mar. Buscaremos a Mariela, al sol, un barco, una cumbia, lejos de la calle del deseo. Soy todas y tendremos vida en alta mar. Buscaremos nuestros huesos.

Las peladas a veces regresan. Las muchachas vuelven a casa. A las muchachas las regresa el mar. Hay mujeres como yo que no comen de nada.

A veces las peladas regresan. El Río Medellín se lleva a las muchachas. No, no es el río. Es la jauría. Son las bestias. Si regresa, yo lo invito a un tinto muy oscuro y sin azúcar, pero traiga a un fotógrafo contra el olvido. Otro día termina conmigo, no me pinte más. ¡Oiga pintor! si regresa, traiga un fotógrafo que camine con nosotras. Traiga un fotógrafo que revele nuestros nombres. Soy Marcela y un día me iré con todas.

Soy Marcela y las tengo a todas. Soy Mar, soy capaz de tragarme al río. Soy la que iba a ser.

La Calle del deseo / 50 cms. x 70 cms. / Acrílico sobre tela / 2007

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